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Los becarios

Los becarios somos los parias de la sociedad, ya lo dije en algún post. ¿Por qué?

Que se me ocurra a bote pronto:

-Los becarios no tenemos muchos derechos, que digamos. No voy a empezar con legislación y demás, pero básicamente: no tenemos vacaciones, que así de primeras es lo que más jode.

-Los becarios nos quedamos en las vacaciones de los demás, eso sí.

-Los becarios somos a los que nadie quiere cuando llegamos. Todo el mundo mira para otro lado, porque nadie quiere hacerse cargo de nosotros y enseñarnos cómo funcionan las cosas. O sea, que regresas a ese momento en el que nadie te cogía para su equipo de fútbol o baloncesto.

-Los becarios tenemos nuestro minuto de gloria en un momento muy concreto. Exactamente, justo, precisamente, en cuanto se necesita a alguien para un marronazo; ahí las miradas nos taladran. Porque otra cosa no, pero marrones tenemos todos los del mundo.

-Los becarios acabamos manejándonos a la perfección por la oficina (a base de hacer de todo, claro), pero seguimos siendo el último mono. Incluso para el tema de los cheques restaurante, que si nos tenemos que quedar a comer lo pagamos nosotros, que para eso nos dan una “ayuda para el estudio”.

-Los becarios tenemos que ocultar de cara al público nuestra condición de parias, porque quizá los clientes o quien sea se sienta ofendido si un becario se dirige a él.

-Los becarios no tenemos sentimientos. Si hablan delante de ti utilizando frases  del tipo “porque ella es becaria” o “pero ella es becaria”, te callas.

-Los becarios somos expertos en tóner, sobres, sellos, y material de oficina en general.

-Los becarios no tenemos margen de error. Debemos ser máquinas precisas e indestructibles. Echarnos es muy fácil y muy barato.

-Los becarios somos perritos falderos: necesitamos caerle bien, contentar y gustar a todo el mundo. De eso depende nuestra continuidad, al fin y al cabo.

-Los becarios hacemos muchas cosas que llevan la firma de los demás.

-Los becarios tenemos que trabajar las mismas horas que el resto, pero por el tercio del sueldo de la persona que menos cobra aparte de nosotros (que suele ser un pringado también).

-A los becarios nos retienen del sueldo entre 8 y 14 euros (en mi experiencia). Dos o tres copas.

-Y por último, cagaos, los becarios tenemos que estar AGRADECIDOS porque nos pagan. Que tengamos eso en cuenta. Que pensemos que tenemos suerte porque nos pagan 400 EUROS.

Los becarios somos… No, no somos nadie.

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Menchu y las alhajas

A lo mejor su abuela la llamaba así, Menchu; no sería tan raro… Las abuelas no suelen preocuparse de que su nieta luego se haga famosa por pija. Porque es así, Carmen Lomana se ha hecho famosa por pija. Me encanta.

Me imagino que ya sería conocidilla en las altas esferas madrileñas, porque enviudó y enriqueció, y la gente es mu cotilla. Fue entonces cuando dejó su trabajo en un banco (que no es tonta, ojo) y se hizo cargo del legado de su marido… A ella le molesta mucho que le pregunten qué hace exactamente, y lo dejó claro en uno de los primeros vídeos que salió sobre ella, en el que afirma que se dedica a “hacer gestiones, como todo el mundo” (voz de indignada):

Y de este maravilloso vídeo de Comando Actualidad”, Carmenchu se nos lanza al estrellato.  Que si 21 Días de lujo” (mi preferido, ved un fragmento pinchando aquí), que si “MQB”… Un no parar oye. Y ella sonriendo -como puede, es decir, más bien poco- y soltando glamour por los pasillos llenos de “contertulios” diciendo ejke.

A mí es una persona que me fascina. En serio. Me cae bien y no puedo evitarlo; tampoco quiero. Ni me da vergüenza, ¿eh? A lo mejor es motivo suficiente para que alguno cierre esta pantalla, pero, de verdad, ¿quién consigue llevar tan bien un programa como “Las joyas de la corona”?

Veamos. Carmen, 63 años, rica de profesión y con un estilo indiscutible, es nombrada directora de la academia de una panda de cabestros. Pobres, de verdad que me dan pena, pero me avergüenza saber que hay gente de mi edad que no sabe nada. Pero nada. No bromeo: nada.

No voy a entrar en esos terrenos porque no acabo en cinco posts, así que volvamos a la figura de Carmen. Estoy segura de que ella se definirá como el hada madrina de esos seres sin abolengo… Sin abolengo y sin abuela muchos de ellos, dicho sea de paso, que se creían los reyes del mambo hasta que llegó el tándem infalible Lomana-Josemi Rodríguez-Sieiro: miradas de espanto ante esos tintes negro azabache y críticas implacables dirigidas a cualquiera que se atreviera a abrir la boca. Humos abajo y Lomana radiante: ya se sabe quién corta el bacalao.

Pues a Menchu ya se le ha acabado el programa, y me creo perfectamente que le dé pena y que les va a echar de menos. Las dos veces que me he quedado embobada viendo algo me ha sorprendido lo volcada que estaba esta mujer con sus polluelos de extrarradio. Ahora se sentirá vacía y tendrá que prepararse para la siguiente hornada de concursantes (ha ganado la madre soltera, el listón ha quedado alto), porque dudo bastante que esto acabe aquí, no se vaya a quedar Jordi González sin trabajo… Aunque, ya que estamos, voy a aprovechar para lanzar al aire una petición: que cojan a alguien más coherente con la línea del programa, porque no puedes poner a este hortera de bolera de presentador y esperar que los chiquillos aprendan algo.

Hasta que ese momento llegue, hasta que vuelvan a predicar el glamouuuur (hay que alargar la palabra), a Carmen le han hecho una faena: los de Magazine han recreado con Photoshop cómo sería sin cirugía (aquí el artículo). También lo hacen con otras, pero ella es la única que aparece en la web. ¿Envidia quizá?

Es igual, Menchu, a los mortales nos gustas tan estupeeeeenda como estás ahora (by the way: enhorabuena por el novio que te has echado, chata). Y no te preocupes, tus alhajas ni se habrán dado cuenta de que te has hecho unos “retoquitos”. Te diría que ni se lo habrán planteado, pero eso es pasarse de mala.

PD: Cuando tenga su edad os cuento cómo estoy yo.

Vuela como puedas

Las azafatas son un mito erótico. Todavía lo son. Creo. ¿No? Bueno, pero eso lo sabe todo el mundo: las azafatas son un mito erótico.

Los pilotos son hombres elegantes. Siempre, ¿verdad? Son jóvenes y guapos. Muy buen partido para la niña.

Viajar en avión está muy bien porque te tratan con todo tipo de atenciones y te dan una copa con Martini y una aceituna flotando. Es muy chic todo.

¿Por qué será que añoro esa imagen tan sesentera de los viajes en avión? Volar ya no es elitista y eso hace que los estándares de calidad de algunas compañías hayan, digamos, bajado un poco. No me malinterpretéis, precisamente eso ha hecho que yo haya podido viajar como Willy Fog en los últimos dos años -cosas de la globalización-, así que estoy completamente a favor de las compañías low cost… Pero creo que hay límites.

El otro día me encontré con una noticia que me llamó la atención: pincha aquí si quieres verla. Básicamente, cuenta que existe un nuevo asiento que permitirá meter más personas por fila y de este modo abaratar costes. El truco reside en que, atención, tienes que soportar parte de tu peso en las piernas. “Asiento jinete” lo llaman, tócate las narices, que “los jinetes cabalgan durante horas así y aguantan bien”. Pues vale.

Se les ha ido. Vamos a ver, las low cost ya son una basura, no necesitan darnos más motivos para cabrearnos. En serio. Repito que me han salvado la vida y que doy gracias al cielo (redoble de chiste malo) por que hayan aparecido, pero son una mierda. Y con perdón por la palabra, que luego mi madre me mira de reojo cuando lee estas cosas.

El clásico ejemplo es Ryanair, compañía que tengo bastante calada. Para tener un vuelo barato con ellos tienes que levantarte a las 4 o dormir en el aeropuerto, a gusto del consumidor. Pero a mí eso no es lo que más me fastidia, sino que, cuando por fin te sientas e intentas dormir, empieza el show de sinoquierecomertenemosrascayganaysinohaynoséquéynomecallaréjamás.

Sí, porque ellos no se limitan a decirte que van a pasar el carro con comida. No. Ellos te lo dicen con humor. Una de las últimas veces que volé con ellos llegué a oír la frase “para comer tenemos sandwiches, pollo, paella y paél… (risita de satisfacción)”; momento en el que decidí ponerme los cascos y rezar para que todo terminara pronto.

Además, yo no sé por qué quieren conseguir más espacio… Yo creo que es físicamente imposible. De hecho, si mides más de 1.70 tienes bastante chungo encajarte -que no sentarte- en un asiento. Menos mal que el tema de los bultos lo tienen más que solucionado, fomentando además la imaginación de la gente, que encuentra un reto en cada viaje: “cómo narices meto la ropa de tres días en la maleta con las medidas perfectas, haciendo que pese todo menos de 10 kilos y  con el bolso dentro”. Lo de tener la documentación a mano es de profesionales.

Recuerdo un viaje que hice con mis amigas, nos íbamos a Bélgica y decidimos no intentar meterlo dentro, así que escondimos todas el bolso debajo del abrigo… nosotras, que vivimos al límite. El caso es que si te pillaban, te facturaban la maleta (30 euros) y tu bolso se quedaba como equipaje de mano. De cinco pillaron a una, y las demás pasamos orgullosas con nuestra chepa bajo el abrigo. Recuerdo el cabreo de la pobre Cris, y yo me reí (tenía que hacerlo, lo siento) pero en realidad la entendi perfectamente.

El problema de tener que pagar por lo de la maleta, o por el sobrepeso, o si se te olvida llevar impresa la tarjeta de embarque (¡¡¡!!!), es que al final pagas más por esas cosas que por el billete en sí. Y si después nos íbamos a quedar en sacos de dormir en las condiciones más asquerosas que he estado en mi vida, pues no mola nada darle lo poco que te queda a los señores de Ryanair. ¡¿Y ahora encima no me voy a poder sentar?! Anda ya…

En fin, si los acaban poniendo ya contaré cómo son, porque lo que está claro es que no dejaré de coger sus vuelos. ¡Qué buenos viajes me he pegado a su costa, maemía!

Carbonero, Casillas y Moccia

La chica del verano ha sido Sara Carbonero, no hay duda. A mí me gusta mucho ver los comentarios que hay sobre ella en los periódicos digitales (actividad que recomiendo fervientemente). En este país tan moderado, llama poderosamente la atención cómo se divide el público entre el amor verdadero y el odio absoluto.

Quien ama a Sara Carbonero sólo tiene que enseñar una foto, que una imagen vale más que mil palabras. Te puede gustar más o menos, pero es obvio que esta chica es muy atractiva, y el tener un tipazo y unos rasgos diferenciados de casi cualquier cara a la que estamos acostumbrados, ya le da el estatus de belleza. Para gustos los colores, pero creo que no ando desencaminada. Habrá fotos en las que salga peor, pero que alguien me diga quién tiene esos ojos y esa boca. Pues eso, que no ando desencaminada.

Quien la odia, en cambio, dice que es una aprovechada, etc. La verdad, no tengo una opinión sólida sobre su trabajo como periodista, por lo poco que he visto me ha parecido que lo hace bien y punto, no me ha llamado especialmente la atención. Si a alguien le parece que lo hace mal, está en todo su derecho a defender con uñas y dientes la profesión, pero para mí tiene todo el crédito del mundo después de aguantar con ese porte el beso de Iker Casillas (recuérdalo pinchando aquí, que sé que te gusta verlo). Sinceramente, a mí me hacen eso y sería incapaz de ponerme seria ni medio momento. Y lo de recuperar la conexión se lo decía al dicharachero J.J. su santa madre.

También ha sido criticada porque hace poco salió que aún tiene una asignatura pendiente para acabar la carrera. El asunto no es grave en sí, de hecho muchos periodistas no están licenciados, lo que sí que tiene delito es que fuera su propia madre la que lo chivase a la prensa. Pero no es por eso por lo que me ha decepcionado, hay otro motivo por el que he decidido echarla de mi ranking de personajes guays –una especie de Olimpo que me acabo de inventar y al que sólo acceden aquellos elegidos por mí-.

Este verano en ¡Hola! salieron unas imágenes de la pareja idílicas, como dirían en dicha publicación. Tan estupendos ellos en la cubierta de un barco; que si fotos por aquí, que si arrumaquitos por allá, que si ahora leo un libro… Y, ahí está, cha-chán… Iker está leyendo Perdona si te llamo amor, de Federico Moccia.

¿Qué hace un rudo (quiero imaginármelo así) portero de Móstoles leyendo semejante pastelada? ¿Por qué mata cualquier mito erótico de esta manera? “No es posible”, me dije, “ha tenido que ser ella la que le ha inducido”. De hecho, estoy casi segura de que él la está vacilando, porque tiene puesto el gorro de ella -horas de estudio, chavales- y están partiéndose.

Y tate. Días más tarde, la criatura de ojos felinos mueve sus carnosos labios y sentencia con voz grave:  “sí, me gusta Federico Moccia”.

Y es periodista. Y hasta aquí puedo opinar porque me enervo.

PD: Por si alguien intenta atacarme defendiendo a Moccia… sí, lo he leído. Sí, es insoportable.

Madrid 2016

Yo no sé si nos llevaremos los Juegos Olímpicos del 2016. A saber dónde estoy entonces. Y Gallardón ni digamos. Pero sé que es una ciudad que se lo merece.

Porque tiene mil sitios para descubrir. Por muchos años que lleves en Madrid, hay tantas zonas tan diferentes que siempre podrás sorprenderte… Aunque los españoles seamos más de acomodarnos en los tres sitios de siempre. Ya se sabe, más vale malo conocido…

Porque no será la ciudad más bonita del mundo, pero sí de las que tienen vida y te invitan a dar una vuelta. Cada estación del año tiene su aquel, pero en primavera y en verano está especialmente bonita (con permiso de las luces de Navidad, que molan bastante). Lástima que los que sufrimos la alergia vayamos por la calle lloriqueando y sin poder apreciar los almendros en flor.

Porque, sin duda, es la ciudad que nunca duerme. Al carajo con New York -y que Frank me perdone-, en Madrid puedes salir de casa un lunes a las 8 de la tarde y volver a las 7 de la mañana (verídico). Y siempre, siempre, siempre verás gente por la calle. El estado en el que estén es otra cosa.

Porque te puedes encontrar a los personajes más peculiares por ahí sueltos… Y siempre acabas hablando con ellos de tu vida. Cosas de la noche.

Porque tenemos oferta gatronómica para todos los gustos y bolsillos. Aunque los guiris siempre acaben pagando 15 euros por un pincho de tortilla al solazo de la Plaza Mayor.

Porque cada vez es más cosmopolita. No es justo que en el extranjero se crea que Barcelona es la única ciudad de España abierta al mundo -a raíz de las Olimpiadas, por cierto-. Si bien siempre hay riesgo de que te toque un taxista homófobo, misógino, y todas esas palabras que gustan tanto últimamente en los medios de comunicación.

Porque el cielo de Madrid tiene un azul especial. Y la polución no tiene nada que ver.

Porque tienes todos los pueblos de la sierra a tiro de piedra. Mención especial a San Lorenzo de El Escorial, obvio.

Porque las instalaciones están casi preparadas, y si no que se lo pregunten a los que llevan soportando las obras no sé cuántos años. Oséase, todos los madrileños.

Porque hay otras 1500 razones que no puedo detallar ahora porque debería estudiar.

Y porque si somos los chulos de España, será por algo. ¿O no?

Yannik 029

Jaime y yo una noche cualquiera. Él es madrileño de adopción, pero encarna la chulería como nadie.

 

Apoya a la candidatura pinchando aquí. Aunque te hagas voluntario, no te comprometes a nada, simplemente rellena los campos obligatorios.

Iniciativa original: El primer anuncio de 2009

Echadle un ojo, por favor.

www.elprimeranunciode2009.com

Por el optimismo.

Rock in Rio

Ser progre es complicadísimo. Me parece que debería escribir otro post sobre cómo ser moderno y no morir en el intento, pero por ahora me ceñiré a seguir contando cómo me meto en cualquier acto multitudinario que se precie. El viernes pasado tocó Rock in Rio.

 

 

¿Que a qué viene lo de ser progre? Pues porque ahora resulta que te miran mal por ir al Rock in Rio y no poder ir a festivales como Werchter (Bélgica) o Summercase (Madrid y Barcelona). Que sí, que son festivales a los que me hubiera encantado ir, pero, mirad, qué queréis que os diga, será la edición menos rockera de este festival, pero lo cierto es que me lo pasé como una enana en Arganda del Rey.

 

Para empezar, y aunque sea de mal gusto decirlo, que no pagamos un duro. No… aún no tengo un pase de prensa (tiempo al tiempo), pero sí amigos y un poco de morro. Entre que nos consiguieron invitaciones, que las metimos en un sobre VIP -sin serlo- para aparcar gratis, y que conocíamos a un camarero, ocho amigos nos ahorramos unos 150 euros en una noche impresionante; pero que de no haber sido de esta manera no hubieramos podido disfrutar. Es decir: vaya robo.

 

Más de setenta euros la entrada, veinte euros el párking -o chuparte tres horas de cola para coger un autobús bajo el sol de las cinco de la tarde en Madrid-, y la comida y bebida que tienes que consumir en unas ocho horas de festival… De ahí que la media de edad rondara la treintena. Pero vamos, que teniendo en cuenta que han montado una macrociudad para cinco días, ya pueden intentar sacar monedas de oro de debajo de las piedras, ya.

 

Porque otra cosa no, pero piedras hay para aburrir. Yo llegué con sandalias marrones, y salí con una capa gris hasta la rodilla. Eso sí, de repente te encuentras unos terrenos de césped artificial que ni Polaris World -de estos que no puedes arrancar una sola hebra para hacerle nuditos mientras estás tumbada absorta en tus pensamientos-.

 

La cosa es que para haber construido todo en medio de la nada es impresionante. Y, aunque es un poco como el desierto del Gobi, mucho calor durante el día y mucho frío por la noche, yo estuve perfectamente todo el día: desde las siete de la tarde a las tres de la mañana que pasé ahí. Fui con miedo, pensando que sería horrible el agobio -tengamos en cuenta que sólo en el párking de pago caben 7000 coches-, pero si no te quieres pelear por ver la cara del cantante a diez metros, se está perfectamente.

 

Yo vi los cuatro conciertos del escenario principal: Stereophonics, Amy Winehouse, Jamiroquai y Shakira. El primer grupo increíble, como no podía ser menos. Tocaron bien, fueron simpáticos con el público -son británicos y nos felicitaron por la Eurocopa, eso les da puntos claramente- y la última canción que cantaron fue una de mis favoritas, Dakota. Ninguna pega. Pero sí un consejo: por muy rockero que seas, a las siete de la tarde en julio en Madrid y con focos apuntándote, puedes quitarte la cazadora de cuero; nadie va a dudar de ti.

 

Amy fue puntual. Eso ya me llegó al alma. Y yo lo siento, sé que no es la compañera de juergas ideal, pero amo a esta mujer. ¿Por qué? Porque me importa un bledo su vida, tiene una voz y unas letras impresionantes; y el viernes salió con su copa de balón al escenario y no defraudó. Además, este concierto lo vi sentadita comiendo pizza en el césped, como debe ser.

 

Y ya lo siento pero no soporto a Jamiroquai. Tiene buena voz y baila bien, pero es que todas sus canciones son iguales. Opté por tumbarme y oírlo de fondo…

 

Y Shakira, como siempre, estupenda. Su concierto fue especialmente corto -o a lo mejor es que el anterior se me hizo interminable-, pero cantó fenomenal y sigo preguntándome cómo narices mueve así el pecho. Es que no lo entiendo.

 

Aparte de la música, pudimos ver desfiles de moda -con Ariadne Artiles incluida-, y terminar de ser cutre-lux y hacernos con un montón de muestras de todo lo que nos ofrecían. Como si ir gratis no hubiera sido suficiente.

 

La tirolina que cruzaba el gran escenario y la noria tenían colas infinitas así que ni lo intentamos, pero seguro que merecía la pena…

 

En resumen, toda una experiencia que me alegro de haber aprovechado y que sin duda repetería. Además, ahora tengo una pulserita que dice Yo fui. Me doy con un canto en los dientes.

 

PD: Las fotos, en Flickr; y aquí un vídeo de Cris y yo cantando Maybe Tomorrow de Stereophonics.