¡QUIÉREME!

Esto no es nuevo. Soy la persona menos fiel a su blog que existe, y de vez en cuando desaparezco unos meses, pido perdón y vuelvo. Pero creo que a nadie más que a mi pequeña conciencia le importa, así que no voy a lamentarme demasiado. Eso sí, voy a explicar por qué ha pasado esta vez: me contrataron en octubre y no he tenido demasiado tiempo libre.

Queredme, maldita sea

Queredme, maldita sea

Y ahora que por fin he encontrado trabajo (bravo, bravo, gracias, gracias), puedo hablar con perspectiva del reto al que me enfrenté antes de empezar a levantar este país: venderme lo mejor que supe para ver si alguien me quería.

Supongo que hoy en día es todo mucho más fácil; no me quiero ni imaginar cómo sería la búsqueda de trabajo sin Internet… Pero el problema de tener al alcance tantas ofertas de empleo es que acabas por no tener ningún tipo de filtro. Cualquiera que esté buscando hoy día curro, lo sabe: dale a TODO. Están tan mal las cosas y hay tan pocas posibilidades de que te cojan en un trabajo, que lo mejor es no cerrarse a nada. Es un poco como decía mi amiga Ichi cuando en el colegio no paraba de ponerse en todas las fotos que se hacían a su alrededor: “cuanto más pose, más posibilidades tengo de tener fotos en las que salgo bien”. Pues eso.

Todos somos trilingües hasta que se demuestre lo contrario

Todos somos trilingües hasta que se demuestre lo contrario

Pero bueno eso es lo fácil: mandar solicitud -que no aplicar a las ofertas de empleo es darle a un botón que diga “enviar”. Y si se complica, quizá te hagan contestar a un par de preguntas en las que absolutamente todos afirmamos que tenemos mogollón de experiencia en el sector y un nivel de inglés que ni Shakespeare, ¿verdad, majos?

Eso es pan comido. Pero no todo es así, no. Lo verdaderamente difícil es cargar tu currículum en la base de datos.

En prácticamente ningún buscador de trabajo es posible subir el CV en un formato habitual (PDF o Word). Ellos han decidido hacer de la tarea de buscar trabajo, ya de por sí ardua y angustiosa, una especie de gymkana. Sus normas, más o menos, son:

  • cada dato en un campo diferente;
  • nunca pondrás todo bien y tendrás que volver a empezar  varias veces;
  • no podrás escribir lo que te dé la gana, sino adaptarte a las cualidades y aptitudes que ellos creen que debes tener -bastante extrañas algunas, he de decir-;
  • y es necesaria una fotografía, pero nunca valdrá, ya sea por el peso, el formato, la calidad o por tu cara de idiota.
¡Yo sólo quiero poner que hice Periodismo!

¡Yo sólo quiero poner que hice Periodismo!

Una vez pasadas las 45 pantallas en las que quieres poner que has estudiado X y que buscas un trabajo en el área Y… ya estás ahí fuera. Tu currículum es visible para millones de personas que trabajan en Recursos Humanos de compañías de lo más variado. Creo que yo sería incapaz de trabajar ahí, sinceramente, estaría todo el santo día riéndome de la gente. Es una verdad y no me juzguéis porque sé que la compartís.

Pero bueno, no seré quejica, todo esto es un campo de rosas comparado con lo que viene después… LAS ENTREVISTAS.

Hay mucha gente que te dice que te tranquilices, que no te la prepares, que seas tú mismo. Pero, a la vez, hay millones de cursos para prepararte y en el máster que estudié nos dieron una paliza importante con el tema… Por algo será, ¿no? No me engañéis. Que me relajase, me decían. YA.

Voy a contar un caso concreto de pruebas de selección para un puesto junior, en el que pagaban menos de mil euros al mes, y para el que no se requería experiencia. OJO. A simple vista eso estaba chupado.

Cuento este proceso porque fue el más completito que pasé y el que más me hizo sufrir. Y os destripo el final: no me cogieron.

Paso 1: la primera llamada

Estaba yo en julio, una mañana cualquiera, recién salida de la ducha (dato gratuito, pero no por ello incierto) cuando me suena el teléfono.

La cara al darte cuenta de que te están entrevistando por teléfono sin previo aviso

“Sí, soy perfecto para cualquier puesto”

-Señorita simpática: “Buenos días, Blanca. Te llamo de la agencia de selección X. Queríamos hacerte unas preguntas”
-Yo: “Por supuesto, lo que quieran”.
-S.S.: “Veo que has estudiado Periodismo y tienes máster en Comunicación, ¿no es así? ¿Hablas inglés? ¿Tienes algo de experiencia en el mundo laboral?”
-Yo: “Sí a todo” y breve resumen de lo que hacía en mi última beca.
-S.S.: De acuerdo, si pasas a la siguiente ronda, te llamaré mañana.
(Despedidas amables por parte de las dos.)

Paso 2: la segunda llamada

My tailor is rich

“My tailor is rich”

-Señorita No Tan Simpática Como La Otra: “Hola. Te llamo para hacer la entrevista en inglés.”
-Yo: Muy bien.
-SNTSCLO: cosaseninglésmuybásicas
-Yo: cosasneingléstambiénmuybásicas
SNTCLO: Vale. Te paso con mi compañera del otro día.

-SS: ¡Has pasado! Me dicen que sabes hablar algo en inglés.
-Yo: En efecto, ya te lo había advertido.

Total, a estas alturas ya parece que estás en una especie de videojuego, y que tienes que pasar fases para conseguir la gloria divina.

Paso 3: el test

Se me informó de que me llegaría un test de personalidad.

Averiguar cómo soy realmente pasa por preguntarme qué haría en situaciones de fiesta, en situaciones de acampada y alguna en el ámbito laboral, pero esas las menos.

Con una aplicación conoceréis todos mis recovecos

Pues muy bien

Paso 4: la recomendación

trabajo8

Que llamen a tu ex jefe para preguntarle qué opina de ti es el mejor ejemplo de que, en efecto, hay que tener amigos hasta en el infierno.

Queridos.

Paso 5: primera entrevista

Por fin alguien pensó que merecía ir a las oficinas a que me conocieran.

Durante hora y media -exactamente- me concentré en desplegar todos mis encantos. Pero da igual lo preparada que lleves tu experiencia o el discurso de la iniciativa y el trabajo en equipo, si lo primero que te preguntan es: “¿cuál fue el día más feliz de tu vida?”.

Joder

Joder

Y ya entras en bucle. ¿Cómo no voy a saber qué día fui más feliz? ¿No sé comparar? Según mis profes, debería ser el de mi Primera Comunión, pero ya han pasado muchos días desde entonces. Podré tener uno nuevo, digo yo.

¿El que conocí al churri? Pues mira, me lo pasé muy bien, pero oye, no lo recuerdo como tal. ¿El de las vacaciones familiares? ¿El de los fuegos artificiales en El Escorial? ¿El de aquel concierto de Hombres G? ¿El viaje con amigas?

Oh, Dios, mío, NO SÉ QUÉ DÍA FUI MÁS FELIZ.

Como os podréis imaginar, mientras yo le daba vueltas a todo esto, la entrevistadora había superado hace mucho mi vaga respuesta –que ni recuerdo- y estaba ya por la sexta pregunta. Las de en medio las debí de responder como una autómata.

Así con todo les gusté. Que volviera.

Paso 6: segunda entrevista

Pues, nada, vuelvo. Vuelvo y lo hago mal. Y lo sé. Y salgo muy deprimida y con la moral por los suelos, porque me han preguntado cosas de bajón y yo no he sabido contestar.

¿Por qué?

Porque claramente mi perfil –estudios, experiencia, conocimientos mundanos, lo que sea que signifique “perfil”- no encajaba con el puesto.

No sabía nada, pero nada de nada, de lo que habría que hacer en ese puesto de trabajo por el que tanto suspiré.

Y la verdad

Y, la verdad, yo no hubiera necesitado 6 fases para saber eso.

 

4 Respuestas a “¡QUIÉREME!

  1. ¡Me he reído mucho leyéndolo! ¡Qué bien que hayas vuelto a escribir para tu público! Te esperábamos.

  2. “Que llamen a tu ex jefe para preguntarle qué opina de ti es el mejor ejemplo de que, en efecto, hay que tener amigos hasta en el infierno.” Brutal!! me robo la frase para twitearselo a mis 20 seguidores jaja
    La espera valió la pena.
    Besos

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