En defensa de las altas

Cuenta la leyenda que si alguna vez tienes que poner verde a una mujer y resulta que es guapa, debes decir que encima es altísima y con unas piernas de aquí a Lima. También se dice, se comenta, que si te hablan de una chica joven muy alta, tú ya presupones que tiene las medidas de una modelo.

Y yo tengo una misión con este post: desmentirlo.

Por desgracia, no todas las patilargas somos así

Algunos me conocéis desde que era una mocosa con voz de camionero (toda la vida he tenido esta ronquera, sí), y sabéis que no siempre medí el 1.81 m. que gasto ahora. “Dios mío, 1.81 m.”, pensará alguien, “como las modelos”, pensará alguna señora mayor muy simpática y agradable. Mal.

Por partes.

No mola nada que piensen que eres idiota

Yo empecé a crecer de repente, pero hasta hace poco vivía feliz pensando que de pequeña tuve un tamaño lógico. No obstante, mi querida madre  me abrió los ojos cuando me contó que en el cole, como no arranqué a hablar hasta los dos años (angelito) y era considerablemente más grande que los demás niños, el resto de madres se preguntaban si yo era retrasada. Reconoced que no empecé con buen pie.

La cuestión es que antes era una cosa… digamos… abarcable. Es decir, era grande pero no pasaba nada, había ropa de niñas mayores que me podía valer. Pero cuando en cuarto de Primaria (9 años) mides 1.42 m., en quinto 1.52 m., en sexto 1.62 m., y así llegas a tus dulces 13 años midiendo 1.72 m., pues las cosas se complican. Y encontrar uniformes de tu talla, también.

Ya hemos comentado que mi adolescencia fue bastante dura en cuanto al físico se refiere, pero si encima destacamos que yo le sacaba dos cabezas a casi todo mi curso, pues peor el trauma. ¿O no? ¿No os doy pena?

Paula y yo, orgullo del punto y la i

Bah, seré sincera, nunca he llorado por las esquinas. De hecho, mi amiga Paula mide 30 cm. menos que yo y vamos las dos por la calle tan pichis cuando nos miran de reojo.

Pero no es eso. A mí que todo el mundo que pase por la calle me mire los pies para ver si llevo tacones (la mirada traza el trayecto cara-pies-cara para asegurarse de que sigo a esa altura), me da igual -a veces me da corte porque no soy de lavar mucho los zapatos, seamos sinceros, pero en general camino mirando al suelo y punto-. Tampoco me importa que absolutamente todas las personas que conozco antes o después me comenten lo alta que soy como si fuera un descubrimiento, como si en 24 años no me hubiera dado cuenta. Ni es un problema que todo Madrid tenga curiosidad por saber cuánto miden mis padres (“¿Que tu padre es más bajo que tú? Ya te puedes parecer, que si no nadie diría que eres hija suya, ja, ja, ja.” “…”). Ni me molesta que prácticamente todas las mujeres de 25 para arriba alaben mi altura (demostrado), mientras que el 100% de los chicos de 20 a 30 años lo comenten como si fuera una desgracia.

A mí eso me da igual, la cuestión es que el ser alta tiene ciertos problemas prácticos. También tiene sus ventajas, claro, pero suelen ser ventajas para terceros: “perdone señorita, puede alcanzarme esa camisa de ahí” o el clásico “Blanquita, hija, coge la ensaladera que yo no llego”.

Pues mira, sí, me encantaría llevarlos más

Algunas el hecho de que no tenga que llevar tacones lo veréis como una ventaja, pero el día que me apetece ponérmelos, o que la ocasión lo requiere, válgame el cielo, tengo que pedir perdón hasta al apuntador. “Pero tía, ¿cómo eres tan asquerosa de ponerte tacones?, ahora nos dejas a todas enanas”; “joder, tronca, si ya eras alta, ahora eres una torre, parecemos  enanos a tu lado, Blancanieves, jo, jo, jo, jo, ¿lo pillas?”; y mi favorita, la de mi señor padre: “¿necesitas una bombona de oxígeno ahí arriba?”.

Lo de Blancanieves y los enanitos lo llevo entendiendo toda la vida, por cierto.

Pero bueno, envidiosos de mierda, pasemos a los aspectos prácticos.

Postura en cuestión que me da problemillas

Hace poco fui a Yoga (sí) con mi hermana. Jamás he sido flexible ni especialmente grácil, así que quizá estoy forzando un poco, pero bueno, el caso es que fui. Y yo ahí tan contenta en calcetines “perro para arriba”, “perro para abajo” (os juro que eso existe) dale que te dale en la colchoneta, hasta que nos viene la “postura del triángulo extendido”. La cuestión es que mi hermana y yo bajábamos considerablemente la media de edad, e, ilusa de mí, yo pensaba que a las señoras descalzas y en chándal de mi lado las iba a tener que mirar con condescendencia al final de la clase… Pero no sólo me miraron ellas a mí con pena mientras hacían el pino apoyadas en sus cabezas (¿?) y yo hacía mis abdominales en la colchoneta -con cuidado de no tirar demasiado del cuello-, sino que, en la postura del triángulo que os digo, era la única, repito, la única de la clase que no llegaba al suelo. ¿Por qué? Porque soy demasiado grande, y menos mal que la profesora fue un alma caritativa y me trajo una especie de bloque para que me apoyara y dejara de hacer esfuerzos inútiles por llegar al suelo. No sé, me  sentí como si en una clase de bici yo fuera la única con ruedines.

Pero vamos, lo de que soy torpe ya lo conté en su día en otro post, y no puedo hacer mucho por mejorarlo. Sólo una cosa: paciencia. Paciencia si tropiezo contigo, si te tiro las cosas, si misteriosamente mi codo acaba en tu cara. No lo controlo, lo juro. Jamás conseguí hacer un puñetero pino o una voltereta lateral por algo; básicamente, no sé sujetar las piernas arriba, se me doblan por el peso y me caigo. Y desde más arriba, recordemos.

Quizá sea un poco exagerado compararme con Alicia, pero anda que no mola esta foto

El tamaño también suele ser un problema importante a la hora de viajar. Aún no soy rica (insisto, aún), así que los aviones de las compañías low cost son los que más frecuento. Y los aviones low cost no es que sean más pequeños, es que ponen más filas. Y en los aviones low cost, al haber más filas, hay menos espacio. Y en los aviones low cost mis rodillas sufren. Mucho.

Pero en los aviones low cost y en algunos autobuses y en más de un restaurante con las mesas ridículamente bajas. Y también os diré que la mayoría de camas de hoteles de este bendito país no están pensadas para mí, y dormir con los pies colgando NO ESTÁ BIEN. Exijo mobiliario decente para piernas largas, maldita sea.

Otro problema práctico y el que más noto, sin duda, es el de la ropa. Tengo que reconocer que no soy la típica chica… tocha. Es decir, soy muy alta, no tengo unas medidas de Victoria’s Secret (dadme tiempo, que el Yoga está para algo), pero tampoco soy la típica armario ropero, en eso tengo suerte. Lo digo porque es verdad que cuando me encuentro con otras chicas igual o más altas que yo -con las que me miro como si fuéramos dos cachorros de la misma especie, por cierto-, veo que muchas de ellas son más grandes en general; y obviamente yo no voy a tener el brazo ni la pierna de una persona delgadita que mide 1.60 m., pero bueno, al menos hay tallas para mí. ¿Tallas de todo? No, de todo no: no tengo pantalones.

Dios bendiga la moda de los pantalones pesqueros (Colección S/S Mango 2012)

He aquí mi problema: todos los pantalones me vienen cortos y cuando me pongo falda se me ve demasiada pierna al descubierto, lo cual no siempre es bueno (véase en la oficina). ¿Qué hacer? Gracias a Dios la moda de las botas por fuera del pantalón se mantiene (tendríais que ver cómo voy por dentro) y los pantalones pitillo pesqueros también. Mi máxima es comprar cualquier pantalón que me pueda quedar relativamente largo, aunque de culo me quede fatal o me apriete muchísimo la tripa.

Ah, y quizá os haga gracia si os cuento que cuando me hice el láser en las piernas tuve que partir las sesiones, y cada vez que iba me lo hacían sólo de rodillas para abajo o de rodillas para arriba. ¿Por qué? Porque la cantidad permitida de crema anestésica apenas daba para un muslo, y así preferí hacer más viajes que morir de dolor agarrada a una camilla de una señora con gafas de soldador.

Cambiando de tercio, como comentaba antes, mientras que muchas mujeres alaban mi altura, la reacción de los chicos suele ser: “pobre… si al menos fuera chico…”. Es decir, los hombres, cuando están consiguiendo salir de esa época terrible de bigotillo absurdo y granos, se dan cuenta de que las chicas existen… Y a veces incluso están en su clase. En ese momento comienza una cruenta lucha entre los machos para llevarse a la fémina más apta para formar pareja en el patio del colegio. Y ahí nunca entré yo.

Sophie Dahl le saca dos cabezas a Jamie Cullum y quiero creer que son felices

Cuando los chicos aún no habían dado el estirón yo ya les sacaba un par de cabezas. Entonces era la torre, la jirafa. Beh. Mi madre me decía en aquel entonces “verás a los 20”. Y bueno, ellos crecieron y yo también, y aprendí a aceptarme y a entender que al fin y al cabo mi altura es la marca de la casa, sin ella sería algo menos llamativa (al menos la gente me recuerda por algo concreto)… Y en efecto, no es que llegaran los 20 y arrasara con todos, pero bueno, tengo mi público.

¿Y sabéis cuál es mi público? Los mayores… bueno, ya los que se acercan a mi edad, de 25 para arriba. Porque vosotros, hombres del mundo, hasta que no tenéis cierta edad no aceptáis que una mujer sea un poco más alta que vosotros, os sentís amenazados. Sólo lo asumís si es más joven que vosotros y podéis fardar con vuestros amigotes. Bueno o si es Gisele Bundchen, pero ya hemos dejado claro que no es el caso.

Hay excepciones, hablo de los que intentan ligar por ligar, porque un par de novios que he tenido sí que son más bajos que yo y, aparte de los comentarios  de mi abuela (“tú lo que tienes que hacer es encontrar un chico altito”), todo fue normal.

Ahora estoy con un chico al que mi señor padre califica de armario ropero o 4×4. No es casualidad, le conocí precisamente porque algún amigo suyo me debió ver apta para su amigo el gigante y me empujó hacia él. El resto es historia y por primera vez un chico me coge por la calle por encima del hombro.

Y eso a mí me parece de lo más tierno que me ha pasado nunca. Snif.

Lo bueno es que voy bastante tranquila con él por la calle

PD: Soy igualita que mi padre.

8 Respuestas a “En defensa de las altas

  1. Me he reido con cada linea!!!!!! Sublime blankyyy

  2. Yo fui de los que dio el estirón tarde y me pasó el caso de que había chicas que me sacaban dos cabezas y reconozco que aquello me impresionaba, claro que entonces estaba yo todavía muy atontado. Luego ya crecí hasta mi actual metro ochenta y pico y ahora las veo desde un poco más arriba, jeje.

    También he sufrido lo de que el asiento del avión se te clave en las rodillas y el tamaño más bien de algunas camas de hotel, que parece que siguen anclados en la media de estatura de hace 40 años. De todos modos, creo que andar en esta altura de metro ochenta, metro noventa es lo mejor, porque eres alto sin ser gigante

    • Exacto, eres alto sin ser gigante… Porque eres hombre. Si somos chicas, somos gigantas. Pero vamos, las gigantas tenemos la posibilidad de buscarnos a nuestro chico alto y vivir bien🙂

      Tienes razón, el problema de las camas es que piensan que las generaciones no crecen.

  3. Blanquis, en cada uno de los párrafos me paraba a pensar en todos momentos similares que he vivido a los tuyos. Solo quiero hacer pública una petición: por favor, ¡hagan más números del 41, las chicas españolas hemos crecido.
    Me encanta en enfoque que le das a tus posts.🙂

  4. Me parece increíble cómo nuestra mente nos puede jugar malas jugadas…Soy hombre y mido 1.64, mido exactamente como jaime cullum, (el de la foto con la supermodelo a su lado de la foto de arriba)… Déjame decirte que conozco a chicas que miden 1.80 y más altas aún, y déjame decirte que para ellas es algo normal, bueno, se les ve…Creo que deberías de aceptarte, todos los insultos o burlas son aunténticas pruebas de envidia, aparte que todo lo que has sufrido fue de infancia, ya no eres una niña, ni los que te echaban carrilla, así que deberías de aceptarte tal como eeres

    • ¡Exactamente! De eso va el post🙂

      De pequeña era una faena, ya me da exactamente igual y siempre digo que, en el fondo, sin mi altura no tendría mi rasgo más característico… así que me quedo con él.

  5. Me ha encantado tu post! tendríamos que hacer una quedada de chicas de 1.80 en adelante, para no sentirnos la torre entre tantos “bajitos”. Tenemos experiencias muy muy parecidas, y es que con mi 1.85 la cosa no ha sido fácil, lo de cara-zapatos-cara me pasa a diario! En cualquier caso como bien dices, con los años aprendes a aceptarte, al que no le guste, que no mire! para eso tenemos a nuestros queridos novios que presumen de mujer por la calle😀
    un beso!

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