Yo sobreviví al Erasmus: le differenze culturali

Veamos: somos clasistas. Da igual lo que digamos, el norte y el sur siempre serán diferentes, tanto en España como fuera de ella. Y por eso, de toda la vida de Dios -bueno, desde la creación de la UE-, los países del norte de Europa nos han mirado como de refilón a los del sur. (Hay que reconocer que algo de razón tienen.) Esos rubios de ojos azules nos ven a los morenos de abajo como los majetes que les reciben en verano. De hecho, y siendo más exactos: como los majetes ruidosos y maleducados que les dan de beber en verano.

Bah

Por eso, aunque cualquier destino Erasmus es divertido (todos decimos que vamos a la primera o segunda ciudad más grande de estudiantes; no sabemos si de la región, del país, o del mundo), y aun habiéndolo pasado genial visitando a amigas en destinos como Copenhague, he de decir que yo soy mu’ caserita, y lo de irme a Italia me apetecía bastante. Y a Perugia más aún, que es la segunda ciudad más fiestera de Italia después de Bolonia, por si no lo sabíais. Ja.

Los italianos, psé

El caso es que tú llegas pensando que te vas a encontrar a la misma gente que aquí. Es más: piensas que te vas a encontrar a chicos más guapos (psé), chicas más glamourosas (no especialmente), pero que todo va a seguir siendo más o menos lo mismo. Y no, no tenemos nada que ver con los italianos en muchas cosas.

Podría dármelas de erudita y deciros que en la universidad hay grandes diferencias (que las hay) pero, sinceramente, sé que os importa un bledo. Yo tengo una misión con este post: y es que no os llevéis una sorpresa si vais a Italia y salís por ahí. Por lo tanto, os voy a hablar sobre las relaciones sociales con gli italiani. Lo hago por vosotros, no porque sea lo poco que conozco sobre Italia, que conste.

Así que, hablemos de la fiesta en Italia.

Tras hacer varios, breves pero intensos, viajes por Europa he llegado a una conclusión (inevitable canturrear Rafaella Carrà, ¿eh, pillastres?): el único país donde ponen una copa decente, lo que viene siendo una copa, es España. Situación real: París, discoteca, “whisky con Coca-Cola, por favor” ¿Y qué creéis que me ponen? ¡¡Un vasito de fiesta de cumple, de plástico transparente, CON TAPA y pajita!! ¡¡Como si hubiera pedido un zumo!! Y mejor no os cuento a qué sabía aquello y lo que me sablaron. Y así en todas partes: LovainaCopenhague, Innsbruck, Colonia, Dublín, Londres… Y Perugia, ovvio.

Él también exige copas decentes

¿Dónde esconden los vasos de tubo? Es que ya ni intento que distingan el vaso que debería ir con cada bebida. Pero, sobre todo, ¿por qué no hay hielos? POR QUÉ. Eso es lo que más me cuesta entender: como en España hace más calor, ¿decidimos ser el único país europeo donde hay hielos?

De verdad que no encuentras en ninguna otra parte. “Hay bolsas para hacerlos”, sí, para hacer una especie de granizo del tamaño de guisantes en unas fundas de plástico que recuerdan a las del goteo de los hospitales. Nada, nada: yo quiero mi bolsa de hielos, donde se hagan un mazacote que sólo se pueda romper estrellándolo contra el suelo; luego quiero meter tres o cuatro, los que quepan… y ya. Si no pedimos ni limón ni tonterías.

Habrá que hacer una plataforma internacional para reivindicarlo, o algo.

Siguiendo con el tema de las copas, os diré que jamás os podéis fiar de un italiano. Mi buena amiga Ana, que estuvo de Erasmus en Florencia, ya me avisó: “esconde tu alcohol”. Esta recomendación, que podría llevarnos a pensar que Ana sufre cierto grado de alcoholismo, la comprendí bien pronto. En España es tradición que, a menos que el anfitrión te invite, cada uno lleve lo que quiera beber, ya sea Kas Naranja, Anís del Mono o Tang. El caso es que Vero, Carlos y yo éramos responsables, y la primera noche que tuvimos fiesta en una casa llegamos con lo que queríamos tomar… para ver que eso era lo que iba a beber absolutamente toda la fiesta. Hasta que se acababa, que no era mucho tiempo después.

Todo con tal de no beber su mosto

Su procedimiento es fácil y especialmente efectivo, puesto que no dejan que veas sus intenciones hasta que hayan cumplido su misión. Ellos llegan, arrivano tutti, con botellas de vino. “Uy, qué finos, y a mí que no me gusta, qué cateta”, pensé yo el primer día. ¡Ja! Napolitani e sicialini tenían que ser, que nada más llegar dejaron en la mesadelasbebidasparatodosporqueaquícompartimostodo sus botellas de vino de misa (porque aquello no era vino ni era ná), para pimplarse el alcohol medio decente que los españoles, curtidos en la materia, habíamos llevado.

El resultado es que, cuando les llamamos la atención al cabo de varias fiestas (robos), se metieron con nosotros durante meses, diciendo que éramos unos ratas, che tutto era di tutti. Lo que sea, (qualsiasi, amico): que te aproveche tu mosto de un euro, que yo me ocupo de lo mío. Hombre ya.

Otra plataforma reivindicativa, rápido.

¿Me he pasado con el ejemplo?

Bueno, y como estamos hablando de la fiesta, y sé que es lo que estáis todos esperando, hablemos de los italianos ligando; o lo que es lo mismo, de la fama de pulpos de los italianos. ¿Verdad o mentira? Verdad. Assolutamente vero. Verdad como un templo. Se han ganado la fama a pulso, porque los italianos son unos pulpos de primera, si no te andas con ojo te costará muchísimo salir de sus tentáculos, y más si eres extranjera.

Ojo ahí, yo soy una firme defensora de los italianos. No porque me parezcan más o menos guapos, sino porque los pobres tienen un motivo para ser así de plastas: las italianas, claro.

Inflexible SIEMPRE

Una italiana es tan estupenda, es tan diva, que aunque se muera de ganas de quedar con un chico o pedirle el móvil, tendrá que hacerse de rogar… dos meses como mínimo y calculando a ojo. Y repito que hablo de cosas tan inocentes como charlar o quedar otro día, no estoy diciendo que tengan que ser más… alegres. Pero claro, viendo el panorama, las extranjeras somos presa fácil para los italianos -las inglesas ni te cuento-, pero tienen un defecto de fábrica, y es que aunque vean que ya tienen a una entre sus redes, no pararán de darle la matraca. Pero si no quieres, es peor aún, porque les estás poniendo un reto, y no hay cosa que más les guste a los italianos que los retos –le sfide-; así que, mientras que un español, tras tu tercera bordería y consiguiente plantón, te suele dejar en paz -aunque conozco a alguno que tiene técnicas avanzadas para hacer como si nada y tirar pa’lante-, un italiano lo tomará como algo lógico, algo que tiene que  superar trabajando. Y lo trabajan. Vaya si lo trabajan.

Ríe, ríe, a ver si te dice lo mismo mañana

No daré detalles porque yo la verdad es que no tengo ni idea -no estaba casadera durante mi Erasmus-, pero tengo amigas que han soportado mucha palabrería. Y mientras que la palabrería de un español es relativamente soportable (“me importas de verdad”, “hacía tiempo que no sentía esto”, “nunca me había entendido así con nadie”, y un largo etcétera), los italianos te hablan de la luna y las estrellas y se supone que tienes que caer a sus pies en vez de vomitar sobre ellos. Punto negativo a los italianos en cuanto a babosos, por tanto.

Como amigos tengo menos quejas. Así como hemos dicho que los italianos son perro ladrador y poco mordedor a la hora de ligar -aunque morder es precisamente lo que intentan-, en cuanto a la amistad… también. No me malinterpretéis, yo me fui de ahí con grandes amigos, pero es que son siempre tan grandilocuentes, taaaan profundos, taaaaaaaaaaaan…. taaaaaaaaan. Tantissimo tutto.

Me explico. Yo en España tengo amigos chicos, y hablo con ellos y me llevo genial. Pero siempre seré yo la pesada, la que más hable y la que saque los temas incómodos. Si por ellos fuera, sólo hablaríamos de fútbol, tías, copas y caca (sabéis quiénes sois, maldita sea). En cambio, un italiano espera que seas bastante más femenina, y serán precisamente ellos los que te saquen los temas incómodos y te den las charlas profundas.

Por ejemplo, cuando Vero y yo estábamos en esos días sensibles en los que no debes preguntar si estamos en esos días sensibles, sentaba bien tener a un tío más profundo que tú que te diera consejos. Pero a la vez pensabas (al menos yo), “tú eres el enemigo, no me puedes estar ayudando con este tema porque NO sabes”, y veías al lado a Carlos que te miraba con cara de pena, te ponía una mano sobre el hombro, un vídeo absurdo en Youtube, y te hacía la comida. Eso era apoyo masculino al fin y al cabo, que a veces es lo que viene bien.

Eso sí, esa excesiva supuesta profundidad se compensa con su amor a la cocina italiana. El ritual para hacer el café, la manera en que se enfadan si mezclas dos tipos de pasta distintos, las recetas que todos se saben de sus madres… Touchè.

Como veis, me ciño a hablar de chicos, porque la verdad es que sólo me hice una amiga cercana italiana. Pero precisamente eso desmonta un poco mi teoría: fui capaz de irme de Italia con varios amigos chicos, de los que guardo un recuerdo buenísimo… y sin que ninguno me comiera la oreja. Bravo per voi.

O male per me, che forse vi faccio schifo.
(O malo para mí, que a lo mejor os doy asco.) 

Típica noche perugina con Michele y Francesco

PD: Desde aquí mi agradecimiento a Carlos por soportar tantas hormonas juntas, con este post me he acordado de lo que nos aguantaste. Mamma mia.
PPD: Todas estas generalizaciones son fruto de mi experiencia durante meses de erasmus, no pretendo tener la verdad absoluta. Aunque la tengo. Desde mi punto de vista.
PPPD: Ya he hablado antes de Perugia… No en no uno, ni en dos, sino en tres posts.  Ponte al día pinchando en los números anteriores, anda.

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Ora sul serio. So che a qualcuno gli piacce leggere questo blog se vede che parlo di Perugia… Ancora mi mancate e mi piacerebbe tanto tornare in Italia per uscire tutti insieme. Vi voglio bene, ragà.

3 Respuestas a “Yo sobreviví al Erasmus: le differenze culturali

  1. Sí, eso de las copas lo he visto yo también en el extranjero, así que cuando vienen los turistas aquí y ven esos copazos y esos bares abiertos hasta las tantas se desmadran que da gusto, jeje.

    Lo de los italianos poniéndose en plan romántico empalagoso me lo ha contado gente que ha estado también allí de Erasmus, que les encantan esas metáforas tan exageradas. Y lo que les preocupa la moda, tanto a ellos como a ellas, que siempre quieren ir muy bien puestos

  2. que razon con lo de la bebida!!!! pero cierto ciertisimo!!! me pone negraaaaa

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