Las comidas en casa de la abuela

Sé que todo el mundo dice que la tortilla de patata de su abuela es la mejor. Pues os vais todos por ahí, porque la de mi abuela es invencible. Punto. Expertos catadores a las 5 de la mañana después de una noche de juerga dan fe de ello.

Aparte de tortilla, mi abuela sabe hacer muchos más platos, gracias a los cuales dejo un poco de lado el caldo Aneto y el gazpacho Alvalle que tanto se estila en mi casa. De hecho, mi abuela cocina tan bien que su casa es como un restaurante, porque la pobre nos da de comer a toda la familia a diario.

Todo empezó porque mis tíos viven fuera de España, y mi prima Carla vino a estudiar el último año de colegio aquí. Como tenía que comer en alguna parte, mi abuela intervino, claro, “no se va a quedar la niña sin comer o comiendo de mala manera, la pobrecita, nada, nada, yo le hago algo y punto…” Pionera iniciativa a la que se sumó rauda mi hermana, que ese mismo año empezaba la carrera.

Un par de años más tarde, la hermana de Carla, Inés, también llega para hacer 2º de Bachillerato. Y claro, donde caben dos, caben tres. Y empiezan a estrecharse en la mesa de la cocina de la abuela. Pero nadie renuncia a esas patatas fritas. Yo no iba a ser menos, y me apunté dos años después, cuando empecé también el último curso y ya no me daban de comer en el colegio que me alimentó de manera equilibrada (pescado los viernes, invariablemente) durante los últimos 15 años. (Gran tortilla de patata ahí también, by the way.) Así que nos pasamos al salón.

Con el tiempo,  se han agregado maridos (el de mi hermana, pero de eso ya no hablo más que mi propia familia me llama “polvorón” o “tocinillo de cielo”, hay que joderse), y ya se cuentan como usuales más primos y tíos. Mi padre también se acopla de vez en cuando; sigue hablándole de usted a su suegra, pero como haya bacalao ahí no falta nadie.

La última incorporación ha sido la hermana pequeña de Carla e Inés, Veva, que come como una lima, el angelito, y es muy agradecida cuando hay cocido… Pero vamos, que todas tenemos nuestro plato especial, ¿eh?

La abuela nos prepara nuestros platos favoritos con el mismo amor con el que nos grababa los capítulos de Heidi, atenta para darle al stop durante los anuncios (puesto en el cielo pero ya). Cada uno tiene su plato, a saber: flan para Carla, arroz con leche para May, cóctel de gambas o sopa muy espesa para mí, cocido para Veva, bacalao para mi tío, Ana los pimientos, e Inés las fresas. No es que en un momento dado hayas declarado que esa comida es tu favorita, pero de alguna manera nace una especie de leyenda urbana a pequeña escala que nos atribuye algo a cada uno. Y así se queda.

Hombre, es importante que te guste. Pongamos un ejemplo. Inés suele emocionarse (gritos incluidos)  cuando hay fresas. Pero ése no es un plato que se pueda hacer en cualquier época del año. Y eso es un problema, porque ahora ella está estudiando en el extranjero, así que cuando vuelva le toca una temporada de ser la predilecta. Esto significa que la abuela se esforzará especialmente en que esté contenta. Pasa cuando llega alguien nuevo, pero una ausencia temporal también cuenta. El caso, Inés: plantéatelo, porque lo de las fresas no va a ir bien en diciembre y vas a romper el sistema. Piensa otra cosa.

Pero no es creáis que esto es jauja, que aquí si a alguien no le gusta algo también se lleva lo suyo. Mi hermana no tolera el queso, así que hay que hacerle cosas aparte. Y yo… yo soy la conflictiva. Mira que soy de buen comer, pero es que el huevo duro no lo puedo soportar, así que “el potaje de garbanzos se queda un poco soso hijas, pero no quiero que luego Blanca se ponga a apartar la yema todo el rato…” Lo mismo que con el estofado: “le hubiera echado más guisantes, pero como a Blanca (nótense las cursivas) no le gustan, pues nada, hija, peor se queda”. Y lo mejor de todo es que a ella tampoco le gustan, ¿eh? Soy una cabeza de turco, es mi papel.

Pobre abuela. Ya no suelo rebelarme ante estos ataques, porque al fin y al cabo tiene razón, y encima de que se ocupa de todas nosotras lo que faltaba es que me quejara. Así que suelo llevar la misma táctica siempre: “pero abuela, que a mí me da igual apartar lo que sea; tú cocina como te dé la gana”. Y ella “no hija, quiero que estéis a gusto, así que no voy a poner una cosa que no te comas”.

Porque si hay algo que caracteriza a cualquier abuela es el deseo de que sus nietos coman bien. ¿O no? Así que, cuando estás levantando el primer cubierto para atacar la comida, ya se la oye “pues hoy me he pasado con la sal”; o “esto no lo comáis que se ha quemado”, ante casos más extremos. Pero el verdadero foco de conflicto está en el “cógete otro filete, hombre, que no has comido nada”. Todos solemos contestar con la edad que tenemos, como si así probáramos definitivamente nuestro derecho a reventar o quedarnos con hambre. Ahí es cuando la abuela se pica y dice “yo ya no os digo nada, porque luego os enfadáis conmigo”, y se hace la ofendida. Pero lleva diciendo eso cinco años, así que empiezo a sospechar que es mentira y seguirá cebándonos de por vida. Qué haríamos sin ella. Ay.

Pero bueno, ahora he empezado a trabajar, y sólo me da tiempo a ir a comer los viernes, así que creo que gracias a esto empezaré a escalar posiciones y seré su prefe. (Os aguantáis, ¡ja!)

La verdad es que, aunque parezca una tontería, me da muchísima pena renunciar a estos momentos de marujeo familiar; externo gracias al “Corazón de…” o interno, que los preparativos de boda dan para mucho. Son ratos de estar todas juntas y ver a la abuela, que creo que le gusta recibirnos (yo nos hubiera mandado a hacer viento fresco hace bastante), y eso ya me lo ha quitado mi vida laboral. No mola nada. Pero nada.

Chicas, sabéis que me encantaría veros a diario, pero ahora resulta que tengo que ser responsable. Seguid apartando el huevo duro en mi honor. Y quejáos de los guisantes; es importante para la abuela, lo sé.

2 Respuestas a “Las comidas en casa de la abuela

  1. Que linda foto! Todas muy guapas! Llegué aquí buscando recetas de la abuela y me encantó tu entrada. Saludos desde El Salvador!

  2. ¡Muchas gracias Mario! Creo que no te he ayudado demasiado con las recetas… jaja… Un saludo desde España😉

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