Mi primera vez

“Siempre hay una primera vez para algo”. No creo mucho en este dicho, hay miles de cosas que jamás haré… Empezando por ponerme calcetines blancos con chanclas, por supuesto; lo de matar a alguien está detrás en la lista.

Pero en realidad siempre que hacemos algo hay una primera vez. Si alguien ha pensado que el título lleva a algún episodio tórrido, media vuelta, que aquí no tenemos de esos.

Hubo un primer paso, una primera palabra… un primer día de cole. Obviamente no me acuerdo del primero de toda mi vida, más que nada porque tenía dos años y un trébol de cartulina con mi nombre porque esa primera palabra aún no había llegado (yo voy al revés, qué pasa), pero sí recuerdo los de otros cursos. Qué llantos, madre mía, qué pereza tan grande volver a ese edificio repleto de niños en el que lo  único que hacías era cantar y dibujar y jugar y… Yo era imbécil. De haber sabido lo que venía después, hubiese jugado como si no hubiera un mañana.

Enseguida viene el primer día de Secundaria. El hecho de sacar cuatro cabezas a todos mis compañeros, llevar brackets, y un estilismo nada acertado -propio de los 13 años-, no ayudó mucho en esta época. Pero sobreviví y es mi orgullo decirlo. Y así llegué al primer día de Bachillerato. Algo más acorde con la altura de los chicos de mi curso pero con un estilismo igualmente lamentable. Ante estas quejas sobre mi aspecto debo defender a mi madre: la pobre intentaba llevarme por el buen camino, pero son años en los que las modas absurdas de las discotecas light te ciegan. Luego te arrepientes de las fotos, pero en el momento te veías estupenda con esos flequillos y esas pulseras de colores.

Los últimos años de colegio/instituto también son los de los primeros novios, las primeras salidas nocturnas… Divertidísimo, pero nada como la carrera.

Lo de empezar un nuevo curso en mi colegio no tenía ningún mérito, porque lo importante ya estaba hecho: llevaba con la misma gente desde tiempos inmemoriales. Lo chungo es llegar a la universidad, completamente diferente de tu burbuja de siempre, y decir: voy a conocer a gente.

La conocí, naturalmente, y me alegro muchísimo de ello, tengo la suerte de poder decir que he conocido a gente maravillosa en esos cuatro años, consistentes en no hacer nada durante tres meses y no dormir uno. Pero los comienzos no creo que fueran fáciles para nadie, y es que todos parecemos igual de pardillos cuando llegamos nuevos a un sitio.

¿Cómo empiezas? ¿Te sientas sola hasta que alguien se te acerca? ¿Te lanzas? Yo suelo colgarme de la primera persona que veo igual que yo y me pongo a contarle mi vida. Creo que en este blog queda más que patente que no tengo especial problema en contar anécdotas y algún que otro detalle de mi vida, y cuando conozco a alguien de primeras es como si me hubieran dado cuerda y no paro. Puede que al principio parezca una plasta, pero ya tengo a alguien a quien sonreír al día siguiente al llegar. Minipunto para mí.

Vamos a dejar claro que no soy subnormal y sé distinguir el contexto. En mi primer día de trabajo no fui así, a riesgo de que se me condenara al ostracismo absoluto por plasta. Tampoco hago eso saliendo cualquier noche, aunque sea cuando más gente conoces. La verdad es que es entonces cuando me gano más enemigos de primeras -y admiradores, ojo, a ver qué va a ser esto-, porque entonces no finjo: si tengo un mal día no me voy a esforzar por ser la desconocida simpática del bar, qué quieres que te diga.

Todo esto lo cuento porque hace menos de un mes tuve que empezar de nuevo. Estoy haciendo un máster y eso conlleva compartir aula cuatro días a la semana con otras 30 personas. Y conviene que seamos amiguitos, claro. Pero esta vez, aunque durante un par de semanas cada uno ha hecho lo que ha podido para relacionarse con los demás -véase pasar frío aunque no fumes para charlar en el descanso-, estamos en una universidad muy moderna que nos ayuda a que nos integremos. Para ello nos hemos ido a pasar 24 horas a una reserva natural a hacer tirolina y actividades por equipos. Outdoor que lo llaman.

Suena a campamento… y lo ha sido. La verdad es que ha estado bien. El viaje en autobús, dormir en literas con manta marrón con vida propia, que nos regañen por la noche por el ruido, etc. Todo el pack.

Yo iba un poco acojonada, la verdad, pero llega un momento en el que, después de hacer una catapulta para tirar un huevo y buscar pistas por el monte, ya te da igual todo y te metes en el papel. Y sí, la verdad, he compartido la experiencia con gente que de otra manera a estas alturas conocería mucho menos. Y lo más importante: he descubierto que puede llegar a ser un año muy divertido.

Pero vamos, que yo sigo contando anécdotas sin sentido en cuanto puedo. Obvio.

Una respuesta a “Mi primera vez

  1. Ya, así que va a ser un AÑO MUY DIVERTIDO.
    Y yo pregunto ¿Qué pasa con ampliar conocimientos, adquirir habilidades, ampliar tu red profesional (los cursos dicen networking) y aprender una profesión?
    Luego hablamos en casa. Aunque me he sentido aliviado cuando el visto el contenido una vez leído el título. He comenzado temblando, no sé si de ira o de temor, quizás de una mezcla. BSS

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s