El enemigo

Yo de pequeña quería ser profesora (después de mi época de querer ser payasa y tía). No sé qué me atraía, pero lo decía bastante y a todo el mundo le parecía lógico, al fin y al cabo con cinco años o así todo el mundo se lleva bien con su profe. Y si no prepárate para unos cuantos años de sufrimiento porque ese es un comienzo bastante malo.

Recuerdo el día en que una amiga me dijo muy seria: “¿Pero por qué quieres ser profesora? Todos los niños te odiarían”. Y qué queréis que os diga, no debía de tener las convicciones muy sólidas porque se me quitó la idea de la cabeza ipso facto.

Un profesor (no voy a empezar con el “o profesora”, lo aviso ya) es aquella persona que de pequeño te regaña pero es tu amigo, en quien confías si te quieres chivar -sí, todos lo hemos hecho- y quien te cura -a menudo- las heridas. Sin embargo, a medida que creces vas viendo como vuestros bandos se dividen.

Mi primera enemiga declarada fue Fuencisla. Me daba matemáticas, y recuerdo a la perfección el ruido insufrible de sus pulseras de oro y sus uñas rojas clavadas en la goma de Milán mientras borraba sin piedad mis ejercicios del cuadernillo Bruño. 

A partir de ahí ya cogí carrerilla y experiencia para odiar a los profesores. Es un don que tenía, qué le voy a hacer. No es que me llevara mal con todos, al contrario, tengo buenos recuerdos de algunos (qué asco doy a veces), pero siempre tenía mis pequeñas manías por ahí. Pero como ellos, ¿eh? Que yo sigo sin tragarme eso de que los profesores no tienen sus preferidos y sus odiados. Como cuando yo sé que mis padres me quieren más a mí que a mi hermana…

Mis archienemigos en el colegio fueron dos: la señorita Leticia y don Javier. Gimnasia y música respectivamente. Pensaréis que es raro odiar a profesores de asignaturas así, pero ya he hablado alguna vez de lo mal que se me daba la gimnasia, y el segundo fue un cabrón poco malo conmigo.

Lo cierto es que Leticia tampoco fue una santa. Pero esto lo conté en su día, no me repetiré; pinchad aquí si queréis releerlo de lo mucho que os gustó (como siempre).

Don Javier, por su parte, era una persona… especial. Lo mejor de este profesor era que no le gustaban los niños, y por ende su educación musical le importaba un carajo. Lo que más le gustaba era tenernos de pie. No sé, a lo mejor tenía complejos y le gustaba verse por encima de nosotros, el caso es que cada vez que podía te ponía de pie, y en cuanto hablaba más de una persona a la vez -lo normal- todos teníamos que levantarnos y estar así los 45 minutos de clase. Parece una tontería, pero pasarte todo ese tiempo marcando el ritmo de una canción sin poder apoyarte puede ser mortal; y él era lo suficientemente sádico como para ocuparse de que no doblaras las rodillas ni un centímetro.

Los castigos de don Javier no se limitaban a vernos cansados, sino que también disfrutaba haciéndonos copiar el libro; tú le preguntabas qué parte y su contestación era “qué más me da, sólo quiero verte aburrida y sufriendo”. Luego también desvariaba diciendo que nos iba a meter a todos en un microbús (siempre decía ese transporte, no sé qué le pasaba) y mandarnos a África o algo así… Bueno, yo ahí desconectaba así que no me hagáis demasiado caso.

Después de él no ha habido nadie a quien odiara profundamente… En general me he llevado bien con todos y en particular muy bien con uno del que estuve enamorada. Paradójicamente me daba la otra asignatura chorrada que yo suspendía de pequeña: plástica. Pero es que era guapo y no paraba de hacernos reír. De hecho, cuando ya estaba en Bachillerato y no tenía esa asignatura, seguía pasándome todas las semanas cuando él daba clase a los pequeños para hablar con él. Cuando me empezó a enseñar las fotos de su hija recién nacida estos encuentros perdieron la gracia y tuve que cortarlos. Creo que sigue llorando por mí.

Ya en la universidad la situación cambia completamente, pero desde luego los profesores siguen actuando de la misma manera. Puede que seas un número para ellos y que jamás te vayan a reconocer por la calle, pero la manera de dar la case seguirá siendo igual por los siglos de los siglos (amén).

Tenemos al prepotente, aquel que el primer día te cuenta todos sus logros y cargos, y que no para de comparar la panda de alumnos que tiene delante con la que él tenía a su alrededor cuando estudiaba en Harvard, por ejemplo. Olvídate de hacer preguntas en clase porque te dejará en ridículo y te fichará para fastidiarte en el examen.

El tierno es quien, por el contrario, responde a lo que quieras con mil explicaciones (haciéndose un lío él mismo, por lo general). Si le cuentas cualquier milonga por la que no has podido entregar un trabajo te sonrerirá y te dirá que a ver cuándo tienes tiempo de entregárselo, si es que quieres. Aunque la asignatura, y por tanto el examen, sea difícil él hará lo posible para aprobar al mayor número de gente; y si te ha salido mal, las revisiones darán sus frutos. Siempre llevan gafas y te saludan en la cafetería.

Uno de los peores tipos de profesor es el frustrado. No le gusta la asignatura, sabe que es una maría, y por tanto tiene que fastidiar a esos incautos que aguantan sus explicaciones cada semana. En todo curso hay una maría en la que te confías, y a la hora de ver la nota se te queda cara de póker cuando te enteras de tu pedazo de suspenso que te llevas a septiembre. Y te fastidia. Y vas a la revisión. Y gritas. Y te vas como has venido porque no va a dejar que le toreen y le echen de la universidad (suelen ser adjuntos). Y juras venganza. Y en realidad acabas estudiando cual pringado y presentándote el día de la recuperación sonriendo a diestro y siniestro para que vea que te mereces un aprobado.

De todas maneras casi soporto más a uno de esos profesores que al que va de colega. No paran de hacer gracia y ahí es donde se pilla a los pelotas de la clase que no te dejarán los apuntes más adelante, porque son los únicos que se ríen y hacen movimientos con la cabeza para que vea que han sido ellos los que entienden su “fino” sentido del humor. Estos profesores también suelen fastidiar a la hora de corregir exámenes, pero eso sí, tendrán su grupito de predilectos: los intocables. Casi prefiero no ser uno de ellos, porque si un pelota no consigue entrar en ese selecto grupo su furia será incontrolable. Y te puede encontrar.

Pero no todos los profesores son malos. Seré justa. El problema es que los buenos suelen sacar lo peor de ti: puedes llegar a convertirte en la insoportable de la clase que no para de intentar impresionar al profesor. Espero que este año no me pase eso, aunque ya tengo un objetivo y un par de comentarios absurdos en voz alta.

Trataré de controlarme…

9 Respuestas a “El enemigo

  1. Hacía tiempo que no te empleabas a fondo en un post. Me alegro de que te hayas sentado a escribir despues del periodo vacacional.

    ¿Por qué la gente se enamora de sus profesores/as?

    Un besote, guapa.

  2. Sí, la verdad es qe he estado vaga🙂

    No sé… Yo creo que las chicas lo hacemos porque somos subnormales y nos sentimos atraídas por seres inalcanzables. Y si pueden demostrarnos su poder y superioridad, mejor.

    Los tíos lo hacéis porque están buenas.

  3. Hmm, sinceramente, estaban más buenas mis compañeras de clase🙂

  4. Eres una mentirosa, queremos más a tu hermana que a ti

  5. devorandocachorritos

    Blanqui! Me he estado haciendo mucho el remolón hasta que me he atrevido pero era de cajón que me acabaría haciendo uno… Enhorabuena por el tuyo, le he echado un vistazo rápido y tiene muy buena pinta!!

  6. nada aún querida, pero tengo mis reservas.

    Ya veré si me muerdo la lengua más adelante.

    besito.

  7. Genial Mafalda!!!🙂

    Me he quedado de piedra con lo del profe de musica… que clase de sadico era???

    Y los profes de la uni, pues es lo que dices… aunque en mi carrera eran bastante majetes todos. Aunque habia uno un poco sectario… te ofrecia entrar en su revista y, cuando querias irte… casi no podias!!! :S

    Un besoteee

  8. Los comentarios en voz alta a que te refieres no ocurrieron con el profe de medios impresos ¿por casualidad?
    Bien tu blog! Soy fan!
    Un beso,
    Tu amiga de Francia.

  9. No… estoy enamorada de uno que no tienes… no del que se parece a Pumba jajaj..

    Gracias Lisaaaaaa🙂

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