Marvellous Madrid

Las noches extrañas son los mejores, sin duda; y estoy descubriendo que en Madrid es muy probable terminar teniendo una casi cada vez que sales de casa.

Por ejemplo, la semana pasada salí a estudiar un rato y acabé teniendo uno de los días más raros que recuerdo. Y es que a veces son inevitables… Starbucks, Machiato con nata y mi libro sobre el medio ambiente; me suena el móvil: sms gracioso de un amigo; le contesto. Me llama: “me aburro”; merienda en el Vips. Llamamos a un tercer amigo: “cena en Vips”;y ya ahí “unas cañitas, ¿no?”. Total… las tantas y nosotros tres en un bar del centro conociendo a gente encantadora, comprando rosas para hacernos fotos y, sobre todo, riéndonos mucho. De ahí a una discoteca/antro donde decidimos que nos apetecía cambiar a nosotros las canciones; para terminar en Gran Vía comiendo tallarines con carne no identificada que te venden destrangis las chinas de las esquinas -19 años viviendo aquí y me entero ahora de que hay contrabando de comida-.

James, la rosa y yo.

 

Santi y yo dándolo todo.

Ayer mis actividades extrañas empezaron a las 7 de la tarde, hora en la que cogí un Guiribús -para los que no sepáis qué es eso: autobús de dos plantas, con la de arriba descubierta, que hace dos rutas por la capital; generalmente plagado de chanclas con calcetines blancos y gorras con capar y ventilador-. ¡Por fiiiin!! ¡Tanto tiempo viéndolos pasar sin encontrar oportunidad de subirme en uno, y ayer obtuve mi recompensa! La verdad es que no lo disfrutamos mucho tiempo, pero vimos todo el recorrido del Madrid antiguo -vi calles en las que no había estado en mi vida- y un poco del Madrid moderno -por aquello de que me acercaran a casa-. La verdad es que es una experiencia recomendable para todo el mundo, ¿eh? Seas de aquí o no. A mí me pareció divertidísimo poder hacer de guiri por un día. Y, bueno, culminó la tarde tomando algo en una terracita en el boulevard de la Castellana, que es donde mejor se puede estar en esta época…

Visión de Madrid de los guiris.

La noche no dejó de ser especial: ya que habíamos empezado con algo que nunca habíamos hecho, ¿qué mejor que seguir? Pues al Bingo Canoe. Situación surrealista donde las haya, no aguantamos mucho; más que nada porque nos mandaban callar todo el tiempo y no queríamos dejarnos todo el dinero de la noche ahí -cómo engancha, madre mía-. Ah, sobra decir que no ganamos nada. Así que nos llevamos un par de cosillas de recuerdo (cartones, bolis, cerillas, caramelos; hay de ) y nos marchamos al centro para darlo todo una vez más. Después de pulular por las calles terminamos en el bar de siempre y haciendo lo de siempre: reírnos, que es lo que mejor se nos da, ¿verdad?

Foto horrible… pero me gusta.

 

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