Gente poderosa

Todos pensamos que tenemos pleno control sobre nuestra vida, bueno, siempre se habla del destino, pero de todas maneras y por lo general, nosotros creemos que controlamos casi todos los aspectos de nuestra vida… ¡Ja! Y una leche. Hay gente que, aunque para nosotros no signifiquen gran cosa, aunque no la tengamos siempre muy en cuenta, tienen un poder (casi) infinito sobre nosotros.

Se me ocurre, por ejemplo, el poder que tienen los peluqueros sobre nuestra vida social -como te dejen mal no sales de casa en un mes- y nuestra integridad física. Reíros, pero es la verdad. Vamos a ver, tú tienes una noche especial, ya sea porque has terminado exámenes y vas a darlo todo o porque has quedado con X o porque te apetece estar sexy frente al televisor esa noche, y decides ir a la peluquería a arreglarte el estropicio que tienes en la cabeza despúes de meses sin pisarla. -Buenos días- dirás, -quería cortarme y peinarme-. -Muy bien, acompáñame por aquí- te responderá una peluquera fichándote de arriba abajo, aunque siempre muy amable. Tú la sigues mirando alrededor, y una vez sobrepuesta tras la primera impresión de ver a 5 señoras con cremas grises en las raíces y los pelos de punta o los pies en cubos de agua con uñas granate, te sientas en uno de esos lavabos/potros de tortura. A ver, las peluquería existen desde hace muuuuuuucho tiempo, ¿por qué no pondrán asientos más comodos? ¡Todo el mundo sabe que acabas con el cuello machado después de un lavado en la peluquería! Los masajes en la cabeza relajan, vale, pero a mí no me sirve de mucho si oigo el crujir de mi cuello contra el lavabo. Hay que ser justos, y reconozco que algunas peluquerías “innovadoras” tienen sillones en los que se mueve el asiento y se reclina el respaldo, pero vamos, es para que no te quejes al principio, porque al cabo de tres minutos te das cuentas de que son como todos y… te sientes traicionada.

A todo esto, tampoco es que ayude mucho a tu cuello que la peluquera de turno esté pendiente de otra cosa mientras tiene entre sus manos tu pelo. Vale, mientras te lo lavan estás más relajada, te despistas y disfrutas, pero cuando menos te lo esperas viene el peor momento, que es cuando te enjuagan. Estoy segura de que sabéis de qué hablo: tienes el pelo perfectamente aclarado, sin rastro de jabón, por tanto ya no resbala, pero la tía sigue y sigue tirando mientras a ti se te saltan las lágrimas y dices que sí a todo. “¿Está bien el agua? ¿Quieres suavizante? ¿Un chorrito de agua fría al final?” “¡Síiiiii pero, por favor, déjame en paz! ¡Te pagaré el doble!” Quizá sea una estrategia comercial…

Cuando te levantas de esa tortura sientes un alivio increíble, y vas medio zombi a la silla que te indican, donde tú obediente te sentarás y verás que la luz de la peluquería está instalada por algún sádico que quiere la depresión de todos los clientes; de esta manera evitan que te mires mientras te cortan el pelo. Porque claro, esta es la parte más complicada del proceso: que te hagan caso. “Sólo las puntas por favor, que no se note el corte”. Raaaaaas, un poco más y pareces un franciscano, y tú “Perdona… ¿no estás cortando mucho?”, y la otra “No no, es que lo tenías hecho un asco, unas puntas…”. Por supuesto tú no dices nada y comienzas a ojear la revista que te han dado, algo inútil, porque tienes que mover la cabeza según te indiquen (agarrándote de la cabeza y moviéndotela cual pelele) y siempre con algún mechón de pelo por los ojos. Así que al final terminas mirándote los pies y sometiéndote completamente a la voluntad de la señora con tijeras. ¡Qué vas a hacer!

Llega el momento de peinarte. Aquí ya varía mucho de gustos y peluquerías. Yo, por ejemplo, no soporto que me peinen, porque siempre acabo con aspecto de muñeca y la oreja como a la plancha. Y no sé qué manía tienen las peluqueras con echarte laca, que en cuanto te despistas y aunque hayas dicho que no pfffffssssss, “así no se te mueve, mujer”. Y tú colocada con el olor y más tiesa que la Barbie.

Después de peinarte y pagar -“un poco más por la crema especial del árbol mágico que nosotros mismos plantamos y que te hará efectos milagrosos en tu mierda de pelo”- sales de ahí más fresca que una lechuga: con dolor de cuello, con un picor constante por los pelillos que se quedan en el jersey y con un cerco blanco alrededor del cuero cabelludo si te has pintado antes de ir, pero eso sí, con unas puntas más sanas…

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8 Respuestas a “Gente poderosa

  1. Ni hablar quireo de peluquerías!!! El viernes pasado fui a cortarme las puntas ¡¡¡las puntas!!!! no sabes que es eso???? las puntas son un par de dedos como mucho no una mano entrea…vamos que tenía el pelo largo largo y ahora está por debajo de las orejillas … 😦 en fin, que llevo ta la semana saliendo a la calle en coleta…ya crecerá, que remedio me queda!!!

  2. Jajajaja, sigues siendo tú misma pero esta vez en representación de la voz popular femenina (sobre todo), jajaja. De todas formas te pasaré una cuantas direcciones que cambiarán tu vida!!!

    Besits

  3. El mundo de las peluquerías da mucho de si. Yo ayer le dije a mi peluquero, quiero que me cortes bastante para bajar un poco de volumen pero por favor mantén el look este que llevo asi de larguito y tal. Si si tu tranquilo que no corto mucho. Pummm!!! adios a mi pelo Pinipon, hola a mi nuevo pelo Britney.

    Menos mal que me crece enseguida porque si no, me da algo.

  4. Me gusta que os sintáis identifciados y no se me tome por loca peligrosa

  5. Pese a ser tío, me siento identificado e identifico esas situaciones en historias de mis amigas, mi hermana y mi madre.

  6. Jajaja, pensaba que la única que ir a la peluquería era una tortura era yo.
    Muyyyy Bueno.
    Saludos

  7. Las peluquerias son un tema para un curso de doctorado, como diria bahamonde…

    Muy bien descrito, yo tengo que ir pero hasta que no decida que quiero que me hagan no lo hare, aunque da igual porque luego hacen lo que les sale de los huevos, como bien has dicho.

    Bueno guapa, me voy. Lo he pasado bien pero como tengo tanta suerte me he puesto mala: regla+dolor de garganta+dolor de cabeza.

    En fin, te veo mañana. Un besooo

  8. Ohhh, te echamos de menos Ana!!Qué pena que hayas estado malita, ya nos contarás!!

    INGRID: Muchas gracias por tu visita, espero leerte más 😉

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