Ayer vi Across the universe, el musical que salió el año pasado basado en las canciones de The Beatles.
Más que gustarme me sorprendió. Es difícil hacer versiones dignas de canciones míticas, pero lo cierto es que en esta película lo han conseguido con creces.
La historia es muy típica: amor en EEUU con la guerra de Vietnam como escenario de fondo. Súmale las canciones de los Beatles y mete todos los diálogos simples que se te ocurran. Cocktail hecho.
El problema de todos los musicales es que se emocionan y se exceden con las canciones; y cuando se quieren dar cuenta no hay más tiempo ni dinero y hay que cerrar la película como sea. Es decir: demasiada ida de pinza alrededor de las drogas y los hippies, y un final bastante pobre.
¿Lo mejor? Las versiones -incluyendo a los cantantes- y el estilismo.
¿Lo peor? Los sinsentido que te metían de repente.
Aquí os dejo un trailer que incluye la canción que más me gustó de la peli: I’ve just seen a face, una buena versión especialmente bien interpretada.
Ya quedamos en que dos cosas que veo totalmente necesarias en mi vida son tener mi propio videoclip (pincha aquí), y protagonizar un reportaje en ¡Hola! (ahora aquí).
Bien. Ya he caído en cuál sería el tercer -y lógico- paso: que me canten en un musical. Es obvio, porque el videoclip y el reportaje inspirarían a mis fans, quienes no podrían contener las ganas de rendirme un merecidísimo homenaje. Y hablo de mis seguidores incondicionales, ¿eh?, no de algún director de Broadway que conociera mi suculenta vida y decidiera forrarse con un proyecto tan prometedor. Es decir, no es exactamente que hagan un musical sobre mí y mis canciones (ya he dejado claro que no pensaba triunfar como artista); a mí lo que realmente me gustaría es que saliera algo espontáneo, que yo un día fuera por la mañana a coger el tren para ir a la facultad y que todo el mundo se pusiera a cantar a la vez la misma canción. Sobre mí.
Al verlo, yo lo encontraría de lo más natural, y en seguida cogería el ritmillo y me pondría a bailar y cantar por todo Nuevos Ministerios; hasta que un grupo de fuertes -y guapísimos- hombres, que supieran bailar pero no de manera afeminada, me cogiera en volandas y me metiera dentro del tren. Desde ahí, yo saludaría a la gente que se ha quedado haciendo los coros en el andén, y daría la nota final mientras me adentro en el túnel camino de Recoletos.
Esto podría repetirse en diferentes momentos de mi vida, sin que nadie jamás se extrañara por ello. Para poneros un ejemplo claro, os dejo un Youtube de La Bella y La Bestia que lo ilustra perfectamente: todo el pueblo canta al unísono sobre Bella, que lo lleva con total naturalidad.
Otra opción bastante válida -y que no excluye a la primera- es que un día mi ánimo me invitara a cantar mientras todo el mundo me sigue el ritmo o me saluda cortésmente. Y sin que nadie me eche miradas de desprecio por mi voz, por supuesto. Otro buen ejemplo: Good Morning, Baltimore, de la película Hairspray.
Ah, los ejemplos son para que vayáis tomando nota. Si queréis quedar para prepararlo lo entenderé…