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Y nos wombatizaron

Noviembre 5, 2008 · 6 comentarios

Comienzo con este post una nueva sección en mi querido blog: Living Madrid -en la que también incluiré posts anteriores-.

Sí, lo sé. No es muy original y puede que os parezcan unos sitios espantosos los que os recomiende. Pero parte de mi formación universitaria se basa en salir por la noche, así que iré hablando aquí de eventos y lugares que me gusten… o no.

Empiezo con el concierto al que fui el martes 21 (sé que es tardísimo, pero estoy un pelín liada últimamente): The Wombats. Tocaron en la Sala Heineken, local al que he intentado entrar un par de veces por la noche y después de ver la cola he tenido que retirarme para acabar en cualquier otro sitio.

Pero lo cierto es que cuando vas con entrada -y edad, que vi a más de un pipiolo yéndose a revenderla por tener DNI falso- el sitio es perfecto para conciertos. La parte de abajo es amplia y hay espacio suficiente para que la marea de fans muera aplastada a su gusto, o, si lo prefieres, te puedas poner al final para escucharlo tranquilamente; además tiene una zona de fumadores arriba, en lo que sería el gallinero, desde donde yo vi a los cantantes -prácticamente debajo de mí- y disfruté del aire acondicionado.

Ahora, eso sí: para ser una sala completamente patrocinada por Heineken, que te cobren 6 euros por un botellín de esa marca escuece un poquito.

Al lío: el grupo.

Tres chicos que se conocen en el Liverpool Institute for Arts (LIPA). Ellos son, de izquierda a derecha: Tord Øverland-Knudsen (bajo, coros y teclados; de origen noruego y al que llamaremos Tord a secas), Matthew Murphy (cantante, guitarra y teclados), y Dan Hagguis (batería y coros). Y juntos han dado lugar a una serie de canciones de estilo indie-pop que están arrasando.

Empezaron lanzando singles ayudados por el LIPA y por cuenta propia; hasta que consiguieron hacer varios conciertos en Japón.

Es curioso que un grupo que representa tan bien el estilo popero que está contagiándose entre todos los modernillos de Europa y EE.UU. -desde Andrea Casiraghi a Lindsay Lohan- triunfe tanto en Asia pasando prácticamente desapercibidos por el resto de continentes durante un par de años.

El caso es que tuvieron tanto éxito que sacaron dos álbumes que sólo se vendieron ahí: Girls, boys and marsupials y The Wombats Go Pop Pop Pop.

Después básicamente empezaron a hacer de teloneros para grupos como The Killers hasta que pudieron grabar su primer LP en Europa: The Wombats Proudly Present: A Guide to Love, Loss and Desperation.

Se trata de escuchar sus canciones cuando estés deprimido, porque conseguirán animarte, o cuando estés aguidetolovelossde buen humor, porque te pondrás a dar saltos. Sus letras son desenfadadas y normalmente muy graciosas -recomiendo leerlas en internet-.

Además, acaban de lanzar un par de singles más en Reino Unido, uno de ellos en contra de la Navidad. Espero que lleguen pronto a España.

Fuentes nada razonables me habían informado de que en el escenario no son gran cosa -probablemente influyó el hecho de que esta opinión se formara en un concierto dentro de un macrofestival en pleno julio en Alemania-. Pero a mi juicio, y al de mis acompañantes, lo hicieron increíblemente bien. Eso sí, una botellita de vino para echarle mano entre canción y canción debe de ayudar bastante…

La cosa es que tocaron todos los temas del disco y fueron simpáticos con el público, aunque con el acento tan cerrado de Liverpool (si se pronuncia Lifpiul mejor), creo que nadie sabía de qué hablaban; pero como buenos españoles nos dedicamos a gritar como bestias para no hacerles el feo.

He de decir, que ahí donde le veis (horrible, vamos), Tord me enamoró locamente; y es que no sé qué tienen los artistas encima del escenario… Creo que ya hablaré de eso en otro post, porque tiene miga.

Por ahora os dejo con un par de vídeos y con la promesa de escribir más a menudo (aunque esto probablemente os dé exactamente igual). :)

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Rock in Rio

Julio 8, 2008 · 3 comentarios

Ser progre es complicadísimo. Me parece que debería escribir otro post sobre cómo ser moderno y no morir en el intento, pero por ahora me ceñiré a seguir contando cómo me meto en cualquier acto multitudinario que se precie. El viernes pasado tocó Rock in Rio.

 

 

¿Que a qué viene lo de ser progre? Pues porque ahora resulta que te miran mal por ir al Rock in Rio y no poder ir a festivales como Werchter (Bélgica) o Summercase (Madrid y Barcelona). Que sí, que son festivales a los que me hubiera encantado ir, pero, mirad, qué queréis que os diga, será la edición menos rockera de este festival, pero lo cierto es que me lo pasé como una enana en Arganda del Rey.

 

Para empezar, y aunque sea de mal gusto decirlo, que no pagamos un duro. No… aún no tengo un pase de prensa (tiempo al tiempo), pero sí amigos y un poco de morro. Entre que nos consiguieron invitaciones, que las metimos en un sobre VIP -sin serlo- para aparcar gratis, y que conocíamos a un camarero, ocho amigos nos ahorramos unos 150 euros en una noche impresionante; pero que de no haber sido de esta manera no hubieramos podido disfrutar. Es decir: vaya robo.

 

Más de setenta euros la entrada, veinte euros el párking -o chuparte tres horas de cola para coger un autobús bajo el sol de las cinco de la tarde en Madrid-, y la comida y bebida que tienes que consumir en unas ocho horas de festival… De ahí que la media de edad rondara la treintena. Pero vamos, que teniendo en cuenta que han montado una macrociudad para cinco días, ya pueden intentar sacar monedas de oro de debajo de las piedras, ya.

 

Porque otra cosa no, pero piedras hay para aburrir. Yo llegué con sandalias marrones, y salí con una capa gris hasta la rodilla. Eso sí, de repente te encuentras unos terrenos de césped artificial que ni Polaris World -de estos que no puedes arrancar una sola hebra para hacerle nuditos mientras estás tumbada absorta en tus pensamientos-.

 

La cosa es que para haber construido todo en medio de la nada es impresionante. Y, aunque es un poco como el desierto del Gobi, mucho calor durante el día y mucho frío por la noche, yo estuve perfectamente todo el día: desde las siete de la tarde a las tres de la mañana que pasé ahí. Fui con miedo, pensando que sería horrible el agobio -tengamos en cuenta que sólo en el párking de pago caben 7000 coches-, pero si no te quieres pelear por ver la cara del cantante a diez metros, se está perfectamente.

 

Yo vi los cuatro conciertos del escenario principal: Stereophonics, Amy Winehouse, Jamiroquai y Shakira. El primer grupo increíble, como no podía ser menos. Tocaron bien, fueron simpáticos con el público -son británicos y nos felicitaron por la Eurocopa, eso les da puntos claramente- y la última canción que cantaron fue una de mis favoritas, Dakota. Ninguna pega. Pero sí un consejo: por muy rockero que seas, a las siete de la tarde en julio en Madrid y con focos apuntándote, puedes quitarte la cazadora de cuero; nadie va a dudar de ti.

 

Amy fue puntual. Eso ya me llegó al alma. Y yo lo siento, sé que no es la compañera de juergas ideal, pero amo a esta mujer. ¿Por qué? Porque me importa un bledo su vida, tiene una voz y unas letras impresionantes; y el viernes salió con su copa de balón al escenario y no defraudó. Además, este concierto lo vi sentadita comiendo pizza en el césped, como debe ser.

 

Y ya lo siento pero no soporto a Jamiroquai. Tiene buena voz y baila bien, pero es que todas sus canciones son iguales. Opté por tumbarme y oírlo de fondo…

 

Y Shakira, como siempre, estupenda. Su concierto fue especialmente corto -o a lo mejor es que el anterior se me hizo interminable-, pero cantó fenomenal y sigo preguntándome cómo narices mueve así el pecho. Es que no lo entiendo.

 

Aparte de la música, pudimos ver desfiles de moda -con Ariadne Artiles incluida-, y terminar de ser cutre-lux y hacernos con un montón de muestras de todo lo que nos ofrecían. Como si ir gratis no hubiera sido suficiente.

 

La tirolina que cruzaba el gran escenario y la noria tenían colas infinitas así que ni lo intentamos, pero seguro que merecía la pena…

 

En resumen, toda una experiencia que me alegro de haber aprovechado y que sin duda repetería. Además, ahora tengo una pulserita que dice Yo fui. Me doy con un canto en los dientes.

 

PD: Las fotos, en Flickr; y aquí un vídeo de Cris y yo cantando Maybe Tomorrow de Stereophonics.

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