He llegado a la conclusión de que yo sería una reportera estupenda, porque es cuestión de que haya mogollón en Madrid que allá voy. Y lo mejor de todo es que me hago amigos en todas partes…
La cosa es que este fin de semana ha quedado muy claro que una de las cosas más importantes de este país -por no decir la más- es el fútbol, y por una vez hemos ganado. Y eso se celebra dando abrazos a desconocidos, chocando palmas con los conductores de los coches que pasen a tu lado, y cantando con quien te cruces -siempre y cuando lleve camiseta, por favor-. Y yo, que soy un poco macarra en el fondo, estuve el domingo por la noche y lunes por la tarde por la Castellana y Colón.
Y qué queréis que os diga. Una celebración en la que no se torean coches con banderas españolas, o en la que es fácil respirar… no es una celebración. Si se hace, se hace bien, hombre.
Y si al final aparece Manolo Escobar y se remata con Hombers G y su Voy a pasármelo bien, mejor que mejor.
