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Across the universe

Ayer vi Across the universe, el musical que salió el año pasado basado en las canciones de The Beatles.

Más que gustarme me sorprendió. Es difícil hacer versiones dignas de canciones míticas, pero lo cierto es que en esta película lo han conseguido con creces.

La historia es muy típica: amor en EEUU con la guerra de Vietnam como escenario de fondo. Súmale las canciones de los Beatles y mete todos los diálogos simples que se te ocurran. Cocktail hecho.

El problema de todos los musicales es que se emocionan y se exceden con las canciones; y cuando se quieren dar cuenta no hay más tiempo ni dinero y hay que cerrar la película como sea. Es decir: demasiada ida de pinza alrededor de las drogas y los hippies, y un final bastante pobre.

¿Lo mejor? Las versiones -incluyendo a los cantantes- y el estilismo.

¿Lo peor? Los sinsentido que te metían de repente. 

Aquí os dejo un trailer que incluye la canción que más me gustó de la peli: I’ve just seen a face, una buena versión especialmente bien interpretada.

 

Coming next…

En breve las fotos de Semana Santa… Necesitaba una cura así, en serio.

 Mientras, un corto que propuse el otro día a las 5 de la mañana en una discoteca de El Escorial… Cuando nos da por hablar de la relación dinero-felicidad.

Cosas que pasan.

 Binta y la gran idea:

 

Ya queda menos

Lo que esperábamos…  

PS: Friendships never go out of style…

Esas pelis de amor…

¿Necesitamos las películas de amor? Esta es la gran incógnita que me vino a la cabeza el domingo después de hora y media en el cine viendo Sin reservas, la última película de la Z-Jones y un tío mu feo -la valoración sobre las películas suele ser directamente proporcional al atractivo del actor-.

Hay películas que parece que sólo estén orientadas a demostrarnos que lo único importante en la vida es encontrar a “tu media naranja”. ¿Por qué? ¿Quienes las hacen viven en un maravilloso barrio residencial lleno de amor y felicidad? O, por el contrario, ¿están amargadísimos y vuelcan todas sus frustraciones en dichas películas? Sea como sea, los espectadores somos los que nos comemos las pasteladas made in Hollywood y muchas veces tenemos que salir del cine pensando “Dios mío, ¿qué estoy haciendo con mi vida? ¿Qué hago que no estoy prometida a los 19?”. -Esto es un pelín exagerao…-

Obviamente, una se mete en el cine sabiendo qué se va a encontrar, pero, de verdad, que hay veces que las cursiladas superan cualquier expectativa que puedas tener. Sin ir más lejos, el domingo tuve que cerrar los ojos en un par de ocasiones por la vergüenza ajena que estaba pasando. Vamos a ver, ¿por qué en las pelis americanas les pones unas almohadas cerca y no pueden evitar liarse a mamporros mientras corren y gritan cosas como “¡No huyas porque te pillaré!” o “¡Yaaa te tengoooo!”? Todo esto acompañado de risitas histéricas, grititos más histéricós aún, y caras de “ahhh, ¡no me lo puedo creer! ¡qué graciosa soy!” cuando reciben un golpe, que consiguen que seas  la que tengas ganas de chillar histérica. ¡¡Que eso no lo hace nadie!! ¡Que en la vida real empieza una guerra de almohadas, y acaba siempre con un enfado o con una llave de judo que te obliga a prometer que pararás!

Otra escena muy típica que aparece en Sin reservas, es la cena romántica. En ella, los guionistas decidieron meter dos clásicos de las películas de amor: el “Tienes una mancha aquí” (en este caso de tiramisú, para más inri) mientras le limpia la comisura de los labios, y el momentazo en el que ella, la dura, se cree que la van a besar y le sigue el rollo, pero en el último momento él confiesa que lo que ocurre es que se ha sentado encima de su chaqueta. ¿Cuántas veces hemos podido ver eso?

magazine.jpgEn toda película romántica que se precie, habrá una gran discusión y/o separación entre los protagonistas que les llevará a afirmar a la niña o al amigo pesado y graciosete (siempre hay alguno de estos dos personajes) que “No, cariño… Ya no volverá.” o “No, tío… Esta vez sí que es definitivo. Se acabó; se ha marchado.”… En estos momentos, cualquiera que tenga dos dedos de frente ya se habrá imaginado perfectamente la manera en la que vuelven a estar juntos; porque no hay duda de una cosa: vuelven. Bueno, pues a mí me fascina la gente que ves en el cine que lo pasa mal. Se angustian, se agarran, se miran con cara de “Oh, Díos mío, ¿qué ocurrirá ahora?”… ¿Eres tonto? Es lo único que se me ocurre pensar a mí.

Tras las pertinentes muestras de amor y escenas vergonzosas/secretamente deseadas -vivo en un 7º, y me fastidia horriblemente que nunca me vayan a despertar tirándome piedrecitas a la ventana-, todo el mundo acaba feliz y tú con un subidón de azúcar de esos que te hacen salir corriendo de la sala.

En realidad, hay muchas películas románticas que me encantan (El diario de Noah o Love Actually, por ejemplo), pero no soporto las que se dedican a rellenar 2 horas con topicazos sin sentido. -Sólo se lo permito a The Holidays, y porque muestra a Jude Law en todo su esplendor.- En cambio, sí merece la pena ver películas como Hairspray, en la que la historia es muy típica, bastante previsible, pero hace que estés dos horas con la sonrisa puesta y salgas con ganas de bailar y cantar. Y es que, como dicen en la canción Without Love de este musical, “La vida sin amor es como una semana hecha sólo de lunes”, y eso es inconcebible…

A falta de tiempo (e ideas), un par de vídeos

Son de Tú la letra y yo la música. No es una gran película, pero ya tengo ganas de volver a verla.

(No son spoilers. Sólo musicales.)

Este finde ha ido de pelis

Preparándome para la Semana Santa que se avecina, he pasado un finde más bien tranquilito.

El viernes hablé de Grease, pero no porque la viera, sino porque tengo mono de volver a bailar al ritmo de sus canciones. Hoy, en cambio, quiero hablar de las dos películas que he visto este finde: Forrest Gump y 300.

 La primera la alquilamos Miguel y yo en un ataque de nostalgia. Se podría decir que ésta es mi peli favorita: inteligente, divertida, tierna… Lo tiene todo. Y es que nos ha regalado frases tan míticas como “La vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar”, o su gritito de “Teniente Daaan“; y una historia de amor que a todos nos hace llorar: la de Forrest con su muy mejor amiga, Jenny.

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Otra cosa que me parece genial de la película es cómo te muestra la historia de EEUU a través de los ojos de Forrest. Por supuesto, la actuación de Tom Hanks hace que la cosa sea inmejorable; actuación por la que se llevó un oscar, por cierto. Además, la cinta ganó otras tres estatuillas: mejor guión adaptado, mejor director y mejor película.

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Tom hanks recogiendo el Oscar al mejor actor

 La peli de 300 no tiene  nada que ver, claro. Son dos horas de recios espartanos en cueros -literalmente: sólo llevan un taparrabos de cuero- luchando contra los persas, cuyo rey es una especie de travesti con voz de ultratumba, que, como han dicho en el blog de Ana (donde ha habido un intenso debate sobre la película) parecía propia de Carmen de Mairena.

Si os apetece pasar un rato entretenido viendo brazos volar -al estar basada en un cómic no es demasiado desagradable, las vísceras que vuelan están hechas para que se vea que es completamente de coña- y vestidos griegos monísimos -hay que ver qué bien se vestían por aquel entonces, según Hollywood- no dejéis de verla. Si os daba pereza, probablemente os llevéis una grata sorpresa.

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  Espartanos bien curtidos y vestidos bonitos, yo no pienso más en las pelis de acción.      

Grease

Llega un momento en la vida de todo niño en el que decide imitar a alguien. Su padre, su madre, un famoso, un amigo, un vecino…, cualquiera puede servir de ejemplo. Y no se me ocurre peli mejor que Grease para comenzar a idolatrar: ellos, chulos y guapos; ellas, buenecitas pero explosivas.

Como os quiero poner un vídeo, y los bailes los hemos visto todos -no dejéis de ver en Youtube la cantidad de gente que los imita alrededor del mundo-, aquí os dejo el anuncio que apareció en Estados Unidos allá por 1978 (¡hace casi 30 años!).

¡Que levante la mano quien no haya bailado Grease en la vida!