Archivo de la categoría: Living Madrid

FNO

Ahora se habla por acrónimos. Yo no tengo Blackberry, tengo BB; no me comunico por Facebook, lo hago por FB; y anoche no fui a la Fashion Night Out, fui a la FNO.

Pues sí. Vogue organiza cada año una noche dedicada a la moda. Ayer fue el turno de Madrid: las tiendas abrían hasta las 12, te invitaban a bebidas, hacían descuento en las compras… La ciudad estaba llena y la gente animada, fue un éxito.

Pero lo que me hace gracia es la actitud de los asistentes a este tipo de eventos. Realmente la raza humana es fascinante, y ayer había una combinación de glamour y catetismo maravillosa. No, no era una combinación, era un revoltijo.

Aparte de lo que he dicho antes de las tiendas, la cosa básicamente iba de ver y dejarte ver. Y si eres fea, te jodes; porque te van a ver, estudiar y criticar. Qué tensión, madre mía, todo el mundo con tocado y tacones. Qué absurdo.

Si digo que era un revoltijo es porque te encontrabas con las típicas niñas superglamourosas que se podían poner el tocado o una piña en la cabeza si les diera la gana, frente a las que se ponían el vestido que habían llevado para la boda de su prima y, como iban a ir al Serrano, decidieron arreglarse mucho. Pero mucho. Al menos estas últimas van porque les divierte – entiendo- y no como las otras, que es la obligación de turno y hay que poner mala cara porque no llevas tacones (me sentí fatal, pude ser la única de todo Madrid plana).

Aparte de los asistentes terrenales -muchos y muy variados, como siempre exagero porque si no esto no tendría ni puñetera gracia-, estaban los VIP. No hay evento que se precie sin este otro acrónimo: VIP. Pronunciado como bip o viaipi, depende de lo guay que seas.

Bueno, pues los Very Important People de la noche de ayer fueron tratados como monos. Subiendo por Ortega y Gasset, según cruzabas Serrano, aparecía una carpa, no demasiado grande pero bien, amplia; sólo que no era cerrada, sino que alrededor había vallas y ahí, hacinados, los berimportantpipol siendo observados por los madrileños ansiosos de fotos que colgar en redes sociales y de tirarles un cacahuete. Tendrían canapés, pero a mí me dieron penica.

Creo que luego tuvieron recreo, porque les vimos rondar las tiendas de lujo, su hábitat natural. Y ahí estaba Borjita Thyssen con Blanca Cuesta, en la puerta de Angel Schlesser dejándose hacer fotos por profesionales y aficionados. El ying y el yang, el glamour casposo y la mejor moda.

Ahora, el momentazo de la noche: “Chicas, que dan perritos calientes en la joyería Suarez” -sí, sí, yo estoy en el lado de la caspa que iba buscando comida gratis; anoche no me venía bien comprarme un diamante-, “Ok, nos vemos en la puerta”. Y ahí que nos vamos, y cuando estamos a punto de entrar aparece un puerta y nos dice que no, y yo gruñendo que no voy a las discotecas grandes por no hacer cola, me la voy a hacer por un perrito caliente viendo anillos… Pero me tuve que callar, porque ante mí se apareció Norma, Norma Duval (obviamente), “que viene conmigo” y señalaba magnánima haciendo entrar a quienes ella dijera. Y otra vez BB (aka Borjita y Blanca), y, cuando parecía que no se podía poner mejor la cosa: Cari Lapique. Qué poderío. Cómo apartaban vallas para ponerse en la puerta a posar todos juntos. Y todos los mundanos haciendo fotos con el móvil. Qué regocijo tenían que sentir los malditos.

Total, que no entramos, y decidimos ir a Carolina Herrera, donde parecía que daban algo si llevabas uñas rojas (nos habíamos preparado, somos unas profesionales).  Pero de camino paramos porque nos encontramos la mayor masa de gente de toda la zona. ¿Quién habrá? ¿Qué regalarán? Era delante de La Perla, glamourisísima marca de lencería, así que no sería raro que hubiera alguien especial… No, queridos, era la demostración de que todos, por muy glamourosos que queramos ser, por mucho que finjamos que entramos en una tienda a ojear y no a por la copa que hemos visto que dan, somos de carne y hueso: flanqueando la puerta había dos monumentos de mujeres mostrando la brevísima colección de otoño-invierno. Ligas incluídas.

En realidad fue un alivio ver que todo sigue igual.

1 de septiembre

Se abre el debate (que probablemente me bloquee el blog, ya sabéis que esto se extenderá como la espuma): ¿gusta o no gusta septiembre?

A mí sí. Por ahora, claro. El hecho de que nunca haya tenido que volver al trabajo el 1 de septiembre puede, y sólo puede, que ayude. Bastante. Pero el hecho es que para mí septiembre siempre ha significado un mes lleno de cambios.

Cuando iba al cole recuerdo la emoción del último día de clases en junio, pero aún más cómo era reencontrarte con todo el mundo tres meses después. Es cierto que la emoción iba perdiéndose año a año, a medida que te exigían más y tu futuro empezaba a depender de lo que hicieras en Bachillerato (C.O.U. para los viejunos; padre, el tuyo ya ni lo controlo).

Yo nunca me cambié de colegio, así que cuando empecé la universidad no me hice pis encima y lloré corriendo hacia mi mamá por aquello de tener algún amigo en los cuatro años de carrera, pero vamos, ganas no me faltaron. En el fondo me apetecía muchísimo y en seguida me acostumbré y, sobre todo, conocí a un montón de gente estupenda.

No, yo no soy la típica que diga que septiembre mola porque no suspenda nada, de hecho jamás he pasado limpia, qué le vamos a hacer -o sea, algo se podría haber hecho, pero mira, que ya es tarde para mirar atrás-. Aún así, como todo el mundo sabe, Periodismo no es lo que se dice una ingeniería, así que durante unos días vamos a mirar el lado positivo y de paso al chico guapo que se me sienta delante en la biblioteca. Además, yo soy del plan antiguo, así que cuando acababa el infierno de los exámenes todavía me quedaba más de medio mes para el cachondeo. Y, vamos a reconocerlo, Madrid en esta época es divertidísimo, porque todo el mundo sale como si no hubiera un mañana.

¿Y ahora qué? Pues ni idea, pero sé que este septiembre me gusta. Tengo que hacer mil cosas para solicitar un máster, buscar trabajo, quedar con todo el mundo que no he visto durante el verano, volver al gimnasio… Y me gusta. Me apetece, porque es como empezar de nuevo. Probablemente el 1 de octubre os mande a todos a la mierda, pero ahora mismo estoy de buen humor.

Y esta estupidez… ¿a qué viene? Pues a que se me ha ocurrido poner en mi gran amigo Facebook algo como “Feliz 1 de septiembre”, y las fieras me han atacado. Que si vaya mierda, que si qué depresión…  Me dicen que soy optimista. Pero como algo negativo. Eso sí que es triste y no este mes. He dicho.

Madrid 2016

Yo no sé si nos llevaremos los Juegos Olímpicos del 2016. A saber dónde estoy entonces. Y Gallardón ni digamos. Pero sé que es una ciudad que se lo merece.

Porque tiene mil sitios para descubrir. Por muchos años que lleves en Madrid, hay tantas zonas tan diferentes que siempre podrás sorprenderte… Aunque los españoles seamos más de acomodarnos en los tres sitios de siempre. Ya se sabe, más vale malo conocido…

Porque no será la ciudad más bonita del mundo, pero sí de las que tienen vida y te invitan a dar una vuelta. Cada estación del año tiene su aquel, pero en primavera y en verano está especialmente bonita (con permiso de las luces de Navidad, que molan bastante). Lástima que los que sufrimos la alergia vayamos por la calle lloriqueando y sin poder apreciar los almendros en flor.

Porque, sin duda, es la ciudad que nunca duerme. Al carajo con New York -y que Frank me perdone-, en Madrid puedes salir de casa un lunes a las 8 de la tarde y volver a las 7 de la mañana (verídico). Y siempre, siempre, siempre verás gente por la calle. El estado en el que estén es otra cosa.

Porque te puedes encontrar a los personajes más peculiares por ahí sueltos… Y siempre acabas hablando con ellos de tu vida. Cosas de la noche.

Porque tenemos oferta gatronómica para todos los gustos y bolsillos. Aunque los guiris siempre acaben pagando 15 euros por un pincho de tortilla al solazo de la Plaza Mayor.

Porque cada vez es más cosmopolita. No es justo que en el extranjero se crea que Barcelona es la única ciudad de España abierta al mundo -a raíz de las Olimpiadas, por cierto-. Si bien siempre hay riesgo de que te toque un taxista homófobo, misógino, y todas esas palabras que gustan tanto últimamente en los medios de comunicación.

Porque el cielo de Madrid tiene un azul especial. Y la polución no tiene nada que ver.

Porque tienes todos los pueblos de la sierra a tiro de piedra. Mención especial a San Lorenzo de El Escorial, obvio.

Porque las instalaciones están casi preparadas, y si no que se lo pregunten a los que llevan soportando las obras no sé cuántos años. Oséase, todos los madrileños.

Porque hay otras 1500 razones que no puedo detallar ahora porque debería estudiar.

Y porque si somos los chulos de España, será por algo. ¿O no?

Yannik 029

Jaime y yo una noche cualquiera. Él es madrileño de adopción, pero encarna la chulería como nadie.

 

Apoya a la candidatura pinchando aquí. Aunque te hagas voluntario, no te comprometes a nada, simplemente rellena los campos obligatorios.

La Navidad es peligrosa

Sí, sí, sí… Se acerca la Navidad, y no encuentro mejor tema para darle un poco de actividad al blog, que ya he terminado con la mayoría de trabajos para la universidad y soy un poco más libre -y más feliz también, dicho sea de paso-.

Personalmente, empiezo a estar frita de los anuncios y de las piezas de los telediarios que te sacan el tema veinte veces al día, pero reconozco que una parte de mí siempre se emociona por estas fechas…

jude20law1Porque sí, el 40% de los anuncios son de colonia, y suelen recordarte que jamás te parecerás a esa chica que se revuelca por la playa, o que nunca te acercarás a hombres tan guapos. Además, hay otro 40% que ocupan los anuncios de juguetes, los cuales no consiguen sacar mi lado infantil, sino que hacen que me dé cuenta de lo vieja que me estoy haciendo (“Hay que ver las cosas que les hacen ahora a los niños… ¡Y todos con móvil!”). El 20% restante se lo concedemos a las ofertas de los super, que no está la cosa para derrochar.

Sobre los telediarios creo que me abstendré de hacer comentarios. Al fin y al cabo estoy en el penúltimo año de mi carrera, y si en un par de Navidades me hacen ir con la alcachofa a la Puerta del Sol para preguntarle a un niño qué le ha pedido a los Reyes, pues lo haré. Y punto.

Una de las cosas que más me gusta de diciembre son las luces de Navidad. Madrid está preciosa, y es la época en la que mejor soporto tener que volver en coche a las 8 de la tarde desde Getafe, porque me recorro todo el Paseo del Prado y de la Castellana, y puedo ver la decoración mientras voy cantando -si no, me aburro-. Pero si lo pensáis bien, esto que os acabo de contar, que parece un recuerdo navideño tan feliz y entrañable, en realidad podría ser el tema de un anuncio de la DGT. Anda que no me he llevado sustos por ir mirando donde no debía.

Reconozco que soy bastante despistada, y aunque lo de la conducción me lo tomo en serio, los ojos se van de vez en cuando… Bueno, sí, cuando no hay luces de Navidad algún luces1motorista a la salida del trabajo puede llamar ligeramente mi atención, pero aparte de eso, nada de qué preocuparse. Pero es que, cuando está puesta la iluminación, voy como subnormal mirándola por encima del volante. Sólo me queda que me cuelgue la babilla mientras hago “ooohhhh”. Y menos mal que ya quitaron aquellas luces en la Castellana con forma de palabras (en la foto), porque tenían el extraño poder de hacer que intentara leerlas todas, y jamás se me ocurría mirar a mi alrededor (en esa época no conducía todavía).

Agradecida que es una, que por unas cuantas bombillas ya le has alegrado la vida. Qué pena que no tenga cámara de fotos para enseñaros las de este año por aquí… (Mensaje subliminal para Mi Conciencia/Rey Mago/Papá Noel)

De todos modos, no me parece lo más peligroso de esta festividad. Vamos a ver, yo sé que lo de las doce uvas de la suerte es una tradición muy española, y de hecho la echaré de menos el día que no la haga -me temo que este año llevaré el bote en el que vienen ya peladas a Alemania, que es donde estaré en el cambio de año-, pero a mí me gustaría ver algún registro de las ambulancias llamadas por ahogamiento en ese preciso momento. Aunque a ver quién localiza una ambulancia con todas las líneas saturadas.

No conozco a nadie que no se haya ahogado alguna vez viendo a Ramón García, y a mí sólo se me ocurre pensar que qué muerte tan grotesca. Pero es un clásico mirar de reojo para ver quién cae ese año, y lo mejor es que no te das cuenta cuando el infeliz empieza a toser, sino que primero llega la mirada de pánico (hacia Ramonchu, como si él nos fuera a salvar). Luego ya viene la explosión… Y qué pringue.

En mi casa, mi padre se vuelve gracioso precisamente en ese momento e intenta hacernos reír. El procedimiento es simple: dice números al azar en vez de contar las puñeteras 12 campanadas en orden. Como ya estamos avisados -¿cuántos años llevas haciéndolo, padre?-, yo intento abstraerme. Imposible. Siempre me entra la risa. Pero igual que tengo boca grande para pedir, la tengo para engullir 12 uvas como un avestruz. Pas de problem.

ramonchuLa anécdota más graciosa que me ha pasado las últimas nocheviejas fue hace dos años. La celebramos en casa de mis tíos, así que justo antes de la medianoche me senté con mi prima en el suelo, en primera fila delante de la tele. Ése sí que es uno de los momentos que te sacan el lado infantil y te hace estar emocionada pegando la cara a la pantalla -a Ramonchu-. El caso es que, después de las consabidas explicaciones y nuevas gracietas de mi padre (“ayay, que empieza… que no… ¡que son los cuartos!”), vinieron las campanadas.

Ya a la segunda noté que Inés, mi prima, me daba un golpecito en la espalda, pero le hice un gesto para hacerle entender que no era el mejor momento. Y es que dos personas que pueden comerse las uvas, contando en alto las campanadas, muriéndose de frío (más ellas, que van siempre medio desnudas), y que sin embargo guardan la compostura delante de toda España, tienen un efecto hipnotizador en mí inexplicable. La consecuencia fue que pasé de Inés, y la pobre no entró con muy buen pie en el 2007. Tosiendo y roja sí, desde la segunda campanada precisamente, pero un pelín cabreada conmigo también.

Mi teoría es que mejoras con los años… Pero Inés, aunque haya estudiado más que yo, es un poco torpe. Seguro que ya está ensayando en su residencia de París  para el gran momento -con vídeos de Ramonchu-.

Lo siento, prima, no podré verlo, pero seguro que lo haces muy bien. :)

PD: Mi conciencia sabe que esta nochevieja no será igual sin su particular festival del humor.

Y nos wombatizaron

Comienzo con este post una nueva sección en mi querido blog: Living Madrid -en la que también incluiré posts anteriores-.

Sí, lo sé. No es muy original y puede que os parezcan unos sitios espantosos los que os recomiende. Pero parte de mi formación universitaria se basa en salir por la noche, así que iré hablando aquí de eventos y lugares que me gusten… o no.

Empiezo con el concierto al que fui el martes 21 (sé que es tardísimo, pero estoy un pelín liada últimamente): The Wombats. Tocaron en la Sala Heineken, local al que he intentado entrar un par de veces por la noche y después de ver la cola he tenido que retirarme para acabar en cualquier otro sitio.

Pero lo cierto es que cuando vas con entrada -y edad, que vi a más de un pipiolo yéndose a revenderla por tener DNI falso- el sitio es perfecto para conciertos. La parte de abajo es amplia y hay espacio suficiente para que la marea de fans muera aplastada a su gusto, o, si lo prefieres, te puedas poner al final para escucharlo tranquilamente; además tiene una zona de fumadores arriba, en lo que sería el gallinero, desde donde yo vi a los cantantes -prácticamente debajo de mí- y disfruté del aire acondicionado.

Ahora, eso sí: para ser una sala completamente patrocinada por Heineken, que te cobren 6 euros por un botellín de esa marca escuece un poquito.

Al lío: el grupo.

Tres chicos que se conocen en el Liverpool Institute for Arts (LIPA). Ellos son, de izquierda a derecha: Tord Øverland-Knudsen (bajo, coros y teclados; de origen noruego y al que llamaremos Tord a secas), Matthew Murphy (cantante, guitarra y teclados), y Dan Hagguis (batería y coros). Y juntos han dado lugar a una serie de canciones de estilo indie-pop que están arrasando.

Empezaron lanzando singles ayudados por el LIPA y por cuenta propia; hasta que consiguieron hacer varios conciertos en Japón.

Es curioso que un grupo que representa tan bien el estilo popero que está contagiándose entre todos los modernillos de Europa y EE.UU. -desde Andrea Casiraghi a Lindsay Lohan- triunfe tanto en Asia pasando prácticamente desapercibidos por el resto de continentes durante un par de años.

El caso es que tuvieron tanto éxito que sacaron dos álbumes que sólo se vendieron ahí: Girls, boys and marsupials y The Wombats Go Pop Pop Pop.

Después básicamente empezaron a hacer de teloneros para grupos como The Killers hasta que pudieron grabar su primer LP en Europa: The Wombats Proudly Present: A Guide to Love, Loss and Desperation.

Se trata de escuchar sus canciones cuando estés deprimido, porque conseguirán animarte, o cuando estés aguidetolovelossde buen humor, porque te pondrás a dar saltos. Sus letras son desenfadadas y normalmente muy graciosas -recomiendo leerlas en internet-.

Además, acaban de lanzar un par de singles más en Reino Unido, uno de ellos en contra de la Navidad. Espero que lleguen pronto a España.

Fuentes nada razonables me habían informado de que en el escenario no son gran cosa -probablemente influyó el hecho de que esta opinión se formara en un concierto dentro de un macrofestival en pleno julio en Alemania-. Pero a mi juicio, y al de mis acompañantes, lo hicieron increíblemente bien. Eso sí, una botellita de vino para echarle mano entre canción y canción debe de ayudar bastante…

La cosa es que tocaron todos los temas del disco y fueron simpáticos con el público, aunque con el acento tan cerrado de Liverpool (si se pronuncia Lifpiul mejor), creo que nadie sabía de qué hablaban; pero como buenos españoles nos dedicamos a gritar como bestias para no hacerles el feo.

He de decir, que ahí donde le veis (horrible, vamos), Tord me enamoró locamente; y es que no sé qué tienen los artistas encima del escenario… Creo que ya hablaré de eso en otro post, porque tiene miga.

Por ahora os dejo con un par de vídeos y con la promesa de escribir más a menudo (aunque esto probablemente os dé exactamente igual). :)

Rock in Rio

Ser progre es complicadísimo. Me parece que debería escribir otro post sobre cómo ser moderno y no morir en el intento, pero por ahora me ceñiré a seguir contando cómo me meto en cualquier acto multitudinario que se precie. El viernes pasado tocó Rock in Rio.

 

 

¿Que a qué viene lo de ser progre? Pues porque ahora resulta que te miran mal por ir al Rock in Rio y no poder ir a festivales como Werchter (Bélgica) o Summercase (Madrid y Barcelona). Que sí, que son festivales a los que me hubiera encantado ir, pero, mirad, qué queréis que os diga, será la edición menos rockera de este festival, pero lo cierto es que me lo pasé como una enana en Arganda del Rey.

 

Para empezar, y aunque sea de mal gusto decirlo, que no pagamos un duro. No… aún no tengo un pase de prensa (tiempo al tiempo), pero sí amigos y un poco de morro. Entre que nos consiguieron invitaciones, que las metimos en un sobre VIP -sin serlo- para aparcar gratis, y que conocíamos a un camarero, ocho amigos nos ahorramos unos 150 euros en una noche impresionante; pero que de no haber sido de esta manera no hubieramos podido disfrutar. Es decir: vaya robo.

 

Más de setenta euros la entrada, veinte euros el párking -o chuparte tres horas de cola para coger un autobús bajo el sol de las cinco de la tarde en Madrid-, y la comida y bebida que tienes que consumir en unas ocho horas de festival… De ahí que la media de edad rondara la treintena. Pero vamos, que teniendo en cuenta que han montado una macrociudad para cinco días, ya pueden intentar sacar monedas de oro de debajo de las piedras, ya.

 

Porque otra cosa no, pero piedras hay para aburrir. Yo llegué con sandalias marrones, y salí con una capa gris hasta la rodilla. Eso sí, de repente te encuentras unos terrenos de césped artificial que ni Polaris World -de estos que no puedes arrancar una sola hebra para hacerle nuditos mientras estás tumbada absorta en tus pensamientos-.

 

La cosa es que para haber construido todo en medio de la nada es impresionante. Y, aunque es un poco como el desierto del Gobi, mucho calor durante el día y mucho frío por la noche, yo estuve perfectamente todo el día: desde las siete de la tarde a las tres de la mañana que pasé ahí. Fui con miedo, pensando que sería horrible el agobio -tengamos en cuenta que sólo en el párking de pago caben 7000 coches-, pero si no te quieres pelear por ver la cara del cantante a diez metros, se está perfectamente.

 

Yo vi los cuatro conciertos del escenario principal: Stereophonics, Amy Winehouse, Jamiroquai y Shakira. El primer grupo increíble, como no podía ser menos. Tocaron bien, fueron simpáticos con el público -son británicos y nos felicitaron por la Eurocopa, eso les da puntos claramente- y la última canción que cantaron fue una de mis favoritas, Dakota. Ninguna pega. Pero sí un consejo: por muy rockero que seas, a las siete de la tarde en julio en Madrid y con focos apuntándote, puedes quitarte la cazadora de cuero; nadie va a dudar de ti.

 

Amy fue puntual. Eso ya me llegó al alma. Y yo lo siento, sé que no es la compañera de juergas ideal, pero amo a esta mujer. ¿Por qué? Porque me importa un bledo su vida, tiene una voz y unas letras impresionantes; y el viernes salió con su copa de balón al escenario y no defraudó. Además, este concierto lo vi sentadita comiendo pizza en el césped, como debe ser.

 

Y ya lo siento pero no soporto a Jamiroquai. Tiene buena voz y baila bien, pero es que todas sus canciones son iguales. Opté por tumbarme y oírlo de fondo…

 

Y Shakira, como siempre, estupenda. Su concierto fue especialmente corto -o a lo mejor es que el anterior se me hizo interminable-, pero cantó fenomenal y sigo preguntándome cómo narices mueve así el pecho. Es que no lo entiendo.

 

Aparte de la música, pudimos ver desfiles de moda -con Ariadne Artiles incluida-, y terminar de ser cutre-lux y hacernos con un montón de muestras de todo lo que nos ofrecían. Como si ir gratis no hubiera sido suficiente.

 

La tirolina que cruzaba el gran escenario y la noria tenían colas infinitas así que ni lo intentamos, pero seguro que merecía la pena…

 

En resumen, toda una experiencia que me alegro de haber aprovechado y que sin duda repetería. Además, ahora tengo una pulserita que dice Yo fui. Me doy con un canto en los dientes.

 

PD: Las fotos, en Flickr; y aquí un vídeo de Cris y yo cantando Maybe Tomorrow de Stereophonics.

Eurocopa 2008

He llegado a la conclusión de que yo sería una reportera estupenda, porque es cuestión de que haya mogollón en Madrid que allá voy. Y lo mejor de todo es que me hago amigos en todas partes…

La cosa es que este fin de semana ha quedado muy claro que una de las cosas más importantes de este país -por no decir la más- es el fútbol, y por una vez hemos ganado. Y eso se celebra dando abrazos a desconocidos, chocando palmas con los conductores de los coches que pasen a tu lado, y cantando con quien te cruces -siempre y cuando lleve camiseta, por favor-. Y yo, que soy un poco macarra en el fondo, estuve el domingo por la noche y lunes por la tarde por la Castellana y Colón.

Y qué queréis que os diga. Una celebración en la que no se torean coches con banderas españolas, o en la que es fácil respirar… no es una celebración. Si se hace, se hace bien, hombre.

Y si al final aparece Manolo Escobar y se remata con Hombers G y su Voy a pasármelo bien, mejor que mejor.

 

Oh Madrid

No sólo mi cuerpo está moreno y descansado.

Mi cerebro parece estar fundido y demasiado relajado.

De ahí que apenas me meta en internet, por lo que no actualizo, no reviso blogs… no hago ná útil… ¡Qué gusto!

Mucha gente se queja de quedarse en Madrid en verano, yo estoy perfectamente. David Summers me entiende:

Noche blanca

escudo.jpgNo voy a hablaros de la Noche Blanca, la que organizó Gallardón en Madrid y que en teoría tuvo tanto éxito -a lo mejor yo vivo aparte, pero no me enteré de -, sino de la verdadera noche blanca. La noche en la que la Castellana se llena de coches que pitan y vuelan con banderas blancas, rojas y amarillas; en la que los autobuses tienen más marcha que cualquier discoteca; en la que casi todo el mundo va igual vestido; en la que, cuando te encuentras a alguien por la calle, sabes que tiene el mismo sentimiento que tú, la misma emoción, la misma ilusión. La noche en la que el Real Madrid gana la Liga, la capital se pone a sus pies.

El 17 de junio del 2007, pasará a la Historia del fútbol español como uno de los finales de Liga más apretados que se recuerdan. Y lo que empezó siendo una jornada emocionante, acabó siendo una noche de infarto.

Como buena madridista que soy, necesitaba ver el partido con ambiente; y, ya que mi padre desertó al campo -afortunado él-, yo decidí subir a casa de mi amiga Clau, que vive a tiro de piedra de mi casa. Yo, Raúl; ella, Van Nistelrooy. Las dos, histéricas.

Después de una pésima primera parte para el Madrid, decidimos empezar a hacer todo lo que estuviera a nuestro alcance para ganar la Liga: “Dios, si gana el Madrid, te prometo que no volveré a…” (seguro que Él estaba pendiente de eso), “siempre que hemos ganado una final tenía en la mano la bufanda, ¡y no la he encontrado!”, etc. Pero lo mejor fue cuando Clau y su hermano, Marcos, decidieron que su madre, Patricia, nos traía mala suerte, que el fin de semana pasado el Madrid metía cuando ella estaba fuera. Oye, mano de santo. Cada vez que la pobre Patricia, tan nerviosa como nosotros, se iba a hacer sudokus a la cocina metíamos gol. Lo siento, pero era para creerlo. ¿O no, Clau?

Nosotras, como buenas madrileñas y habituales usuarias del transporte público de esta nuestra ciudad, al ver la cola que había para coger el autobús, dejamos que unos cuantos despistados se subieran en otra línea que se desvía antes de llegar a Cibeles -haber preguntado, ¿no?- y nos metimos en el 27, que baja hasta el final. Creo que fuimos las únicas tontas que pagamos, porque todo el mundo entró en avalancha y claro, a ver quién es el conductor guapo que se atreve a chistar a todos esos hinchas eufóricos. Mira que había gente, pero, casualidades de la vida, nos encontramos en seguida empotradas contra el cristal por un lado, y contra nuestro amigo Perico por el otro.

campeones-2007-015.jpg

Van Nistelrooy y Raúl

El partido terminó como la Liga: con victoria madridista por los pelos. Peo no os voy a contar eso, que ya os lo sabéis. Acto seguido, nos fuimos a la Castellana pasando por delante del Bernabéu, no había mucha gente todavía, porque los futbolistas seguían haciendo el paripé dentro.

 

La verdad es que yo no tenía ni idea, pero Perico demostró esa noche ser madridista de verdad: aparte de venir directamente del campo con su camiseta de Van Nilsterooy firmada por el propio Beckham, se sabía absolutamente todas las canciones madridistas (que son muchas) y decidió ejercer de cheerleader. Tanto en el autobús como en la plaza, Perico conseguía empezar una canción, y no quedar como un pringado; al contrario, animaba a la gente allá por donde pasaba. En declaraciones posteriores, Perico ha planteado la posibilidad de trabajar en el micro del Bernabéu -¿Cómo se le llama ese hombre? ¿Locutor?-, y yo, desde aquí, le animo a hacerlo, porque potencial tiene. Ya sabes, si te va mal Industriales…

Aquí dejo el vídeo del autobús, para que os hagáis una idea de lo que era aquello. Además, veréis cómo Perico insulta a cierto jugador -para deleite de Clau- y todo el mundo le sigue…

 

Bueno, después de mil vueltas por la plaza, conseguimos encontrar al resto del grupo (Marins, Mary y compañía), y cogimos sitio para poder ver a los jugadores. So pena que tuviéramos delante el catálogo madrileño de kinkis, que, borrachos, fumados y puestos de todo como estaban, decidieron extender la hermana pequeña de la bandera de Colón, y no veíamos nada. Además de tener que soportar que se restregaran contra nosotros sin camiseta cada vez que se daban un empújón entre ellos, algo mucho más habitual de lo que os podéis imaginar.

campeones-2007-011.jpg

Dándolo todo por el madridismo

Por fin llegaron los jugadores, vuelta a la fuente, la bandera a la diosa, el We are the champions (güi ar de championssshhh para los de alrededor), las lágrimas, los fuegos artificiales… Increíble, vaya. Aquí os dejo un vídeo que sí conseguí poner en Internet. Como a la mitad se pone mucho más interesante que al principio, que se hace un poco repetitivo.

 

La vuelta a casa fue colosal… Clau y yo, decidimos volver a casa andando, así que enfilamos Castellana. Nada más llegar al comienzo del paseo, vemos que hay un montón de antidisturbios colocados a lo Star Wars y  decidimos andar más rápido. Claro, aquí andar más rápido supone meter prisa a los de delante, porque esa noche el madridismo de Cibeles es una masa única que se desplaza a velocidad de hormiga (¿quién será el primero?). De pronto, un estruendo: los kinkis de antes y sus secuaces están tirando las vallas que protegían el autobús del equipo. ¿Reacción de los antidisturbios? Porra pa’rriba y a correr como los grises. Clau y yo conseguimos medio subirnos a un poyete para no recibir golpes en las piernas, y, en cuanto pudimos, huimos por las callejuelas, advirtiendo a todo el mundo que nos encontrábamos de la suerte que les esperaba si bajaba (kinkis+pelotas de goma). Pues eso, cual ratas todos conseguimos escapar por las calles colindantes y llegar a Serrano. A partir de ahí, decidí que voy a salir por las noches con la camiseta del Madrid. ¡Qué éxito! -Clau el triple que yo, por lo menos-; debía de ser la adrenalina… No sé, el caso es que tuvimos el placer de escuchar la mayor burrada que he oído en mi vida.

Cuando llegué a mi portal, me despedí de Clau y respiré hondo. Empezaba a estar cansada, las piernas me latían y tenía mucho calor; por fin podría llegar a casa y descansar. Pero, cuando me metí en el ascensor y le di al botón de subida, no pude evitar reírme: los chicos que me acababa de cruzar al entrar habían hecho un submarino. Qué surrealista, madre mía.

Marvellous Madrid

Las noches extrañas son los mejores, sin duda; y estoy descubriendo que en Madrid es muy probable terminar teniendo una casi cada vez que sales de casa.

Por ejemplo, la semana pasada salí a estudiar un rato y acabé teniendo uno de los días más raros que recuerdo. Y es que a veces son inevitables… Starbucks, Machiato con nata y mi libro sobre el medio ambiente; me suena el móvil: sms gracioso de un amigo; le contesto. Me llama: “me aburro”; merienda en el Vips. Llamamos a un tercer amigo: “cena en Vips”;y ya ahí ”unas cañitas, ¿no?”. Total… las tantas y nosotros tres en un bar del centro conociendo a gente encantadora, comprando rosas para hacernos fotos y, sobre todo, riéndonos mucho. De ahí a una discoteca/antro donde decidimos que nos apetecía cambiar a nosotros las canciones; para terminar en Gran Vía comiendo tallarines con carne no identificada que te venden destrangis las chinas de las esquinas -19 años viviendo aquí y me entero ahora de que hay contrabando de comida-.

James, la rosa y yo.

 

Santi y yo dándolo todo.

Ayer mis actividades extrañas empezaron a las 7 de la tarde, hora en la que cogí un Guiribús -para los que no sepáis qué es eso: autobús de dos plantas, con la de arriba descubierta, que hace dos rutas por la capital; generalmente plagado de chanclas con calcetines blancos y gorras con capar y ventilador-. ¡Por fiiiin!! ¡Tanto tiempo viéndolos pasar sin encontrar oportunidad de subirme en uno, y ayer obtuve mi recompensa! La verdad es que no lo disfrutamos mucho tiempo, pero vimos todo el recorrido del Madrid antiguo -vi calles en las que no había estado en mi vida- y un poco del Madrid moderno -por aquello de que me acercaran a casa-. La verdad es que es una experiencia recomendable para todo el mundo, ¿eh? Seas de aquí o no. A mí me pareció divertidísimo poder hacer de guiri por un día. Y, bueno, culminó la tarde tomando algo en una terracita en el boulevard de la Castellana, que es donde mejor se puede estar en esta época…

Visión de Madrid de los guiris.

La noche no dejó de ser especial: ya que habíamos empezado con algo que nunca habíamos hecho, ¿qué mejor que seguir? Pues al Bingo Canoe. Situación surrealista donde las haya, no aguantamos mucho; más que nada porque nos mandaban callar todo el tiempo y no queríamos dejarnos todo el dinero de la noche ahí -cómo engancha, madre mía-. Ah, sobra decir que no ganamos nada. Así que nos llevamos un par de cosillas de recuerdo (cartones, bolis, cerillas, caramelos; hay de ) y nos marchamos al centro para darlo todo una vez más. Después de pulular por las calles terminamos en el bar de siempre y haciendo lo de siempre: reírnos, que es lo que mejor se nos da, ¿verdad?

Foto horrible… pero me gusta.