Archivo diario: septiembre 7, 2010

Carbonero, Casillas y Moccia

La chica del verano ha sido Sara Carbonero, no hay duda. A mí me gusta mucho ver los comentarios que hay sobre ella en los periódicos digitales (actividad que recomiendo fervientemente). En este país tan moderado, llama poderosamente la atención cómo se divide el público entre el amor verdadero y el odio absoluto.

Quien ama a Sara Carbonero sólo tiene que enseñar una foto, que una imagen vale más que mil palabras. Te puede gustar más o menos, pero es obvio que esta chica es muy atractiva, y el tener un tipazo y unos rasgos diferenciados de casi cualquier cara a la que estamos acostumbrados, ya le da el estatus de belleza. Para gustos los colores, pero creo que no ando desencaminada. Habrá fotos en las que salga peor, pero que alguien me diga quién tiene esos ojos y esa boca. Pues eso, que no ando desencaminada.

Quien la odia, en cambio, dice que es una aprovechada, etc. La verdad, no tengo una opinión sólida sobre su trabajo como periodista, por lo poco que he visto me ha parecido que lo hace bien y punto, no me ha llamado especialmente la atención. Si a alguien le parece que lo hace mal, está en todo su derecho a defender con uñas y dientes la profesión, pero para mí tiene todo el crédito del mundo después de aguantar con ese porte el beso de Iker Casillas (recuérdalo pinchando aquí, que sé que te gusta verlo). Sinceramente, a mí me hacen eso y sería incapaz de ponerme seria ni medio momento. Y lo de recuperar la conexión se lo decía al dicharachero J.J. su santa madre.

También ha sido criticada porque hace poco salió que aún tiene una asignatura pendiente para acabar la carrera. El asunto no es grave en sí, de hecho muchos periodistas no están licenciados, lo que sí que tiene delito es que fuera su propia madre la que lo chivase a la prensa. Pero no es por eso por lo que me ha decepcionado, hay otro motivo por el que he decidido echarla de mi ranking de personajes guays -una especie de Olimpo que me acabo de inventar y al que sólo acceden aquellos elegidos por mí-.

Este verano en ¡Hola! salieron unas imágenes de la pareja idílicas, como dirían en dicha publicación. Tan estupendos ellos en la cubierta de un barco; que si fotos por aquí, que si arrumaquitos por allá, que si ahora leo un libro… Y, ahí está, cha-chán… Iker está leyendo Perdona si te llamo amor, de Federico Moccia.

¿Qué hace un rudo (quiero imaginármelo así) portero de Móstoles leyendo semejante pastelada? ¿Por qué mata cualquier mito erótico de esta manera? “No es posible”, me dije, “ha tenido que ser ella la que le ha inducido”. De hecho, estoy casi segura de que él la está vacilando, porque tiene puesto el gorro de ella -horas de estudio, chavales- y están partiéndose.

Y tate. Días más tarde, la criatura de ojos felinos mueve sus carnosos labios y sentencia con voz grave:  ”sí, me gusta Federico Moccia”.

Y es periodista. Y hasta aquí puedo opinar porque me enervo.

PD: Por si alguien intenta atacarme defendiendo a Moccia… sí, lo he leído. Sí, es insoportable.